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Editorial

El difícil diálogo político en Catalunya

La negociación por sí misma no puede ser considerada como un objetivo, sino como una herramienta para buscar una salida al conflicto

El president Torra preside la cumbre en el Palau de la Generalitat

El president Torra preside la cumbre en el Palau de la Generalitat / FERRAN NADEU

Espacio para el Diálogo se bautizó la cumbre de partidos convocada el viernes por el ‘president’ Quim Torra, y eso, el diálogo, es justamente lo más destacado de la reunión, pese a que nació ya debilitada por la criticable ausencia de Ciutadans (ganador de las últimas elecciones y principal partido de la oposición), el PP y la CUP.  Los cuatro partidos Junts per CatalunyaERC, el PSC y Catalunya en Comú-Podem que asistieron junto al Govern a la cumbre convocada por Torra a instancias del Parlament hicieron poco más que constatar sus diferencias. Encontraron un mínimo espacio de consenso que incluye la necesidad del diálogo político (la principal decisión es que la cumbre se repetirá), el  respeto institucional, la denuncia a cualquier acto de violencia e intimidación y el reconocimiento de la situación de excepcionalidad de la situación política de Catalunya.

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Catalunya vive una grave y compleja crisis política, con posiciones muy polarizadas, si no abiertamente contradictorias, y con una enorme influencia del proceso judicial en marcha contra los líderes políticos y sociales del ‘procés’. El intenso diálogo entre todas las partes es la condición previa indispensable para trabajar en una salida al conflicto. Eso sí, el diálogo por sí mismo no puede ser un objetivo, sino una herramienta. En este sentido, esta primera cumbre deja unas consecuencias decepcionantes: las posturas están muy alejadas, tanto como el trecho —abismo, en realidad— que separa el nuevo Estatut del que habla el PSC de la unilateralidad a la que el independentismo, con más o menos entusiasmo, no está dispuesto a renunciar y el Pacto de Claridad a lo Quebec que propugnan los ‘comuns’.

La cumbre dejó claro, en todo caso, que cualquier diálogo en Catalunya cuenta ahora con dos objetivos insalvables: el proceso judicial que perturba la situación política y el derecho a la autodeterminación de Catalunya como auténtico nudo gordiano de la crisis. Con su salida quebequesa, los ‘comuns’ reconocen este derecho, pero no así el PSC, por no hablar de los ausentes Cs y PP. Hay, por tanto, mucho de lo que hablar, y escasos motivos de optimismo. Pero al menos ERC, JxCat, PSC y Catalunya en Comú-Podem se sientan a debatir; los grupos que decidieron no acudir se posicionan con su ausencia como parte del problema y no de la solución. Un diálogo de mínimos es mejor que el silencio.