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Al contrataque

Nuevos vehículos eléctricos adquiridos por el Port de Barcelona. 

CARLOS MONTANYES

Gasolina y diésel

Antonio Franco

Acabar en el 2040 con el automóvil propulsado por combustibles fósiles es uno de los proyectos que vale la pena que emprendamos quienes deseamos continuar viviendo a través de nuestros hijos

Me ha hecho mucha ilusión reencontrarme por un momento con el mundo real, el de las cosas verdaderamente interesantes, con motivo del anuncio de que intentaremos que en el 2040 la gasolina y el diésel dejen de propulsar nuestros automóviles. No sé si lo conseguiremos, pero después de estar tanto tiempo pendientes únicamente de lastres del pasado y atrapados por palabras vacías sobre cuestiones abstractas necesitamos pensar en cosas que miran de verdad al futuro.

Un paso adelante

Me alegra que el Gobierno vaya un poco más allá de nuestras cortas narices y plantee como se debe una cuestión como esta: un objetivo a más de 20 años vista para que nos mentalicemos, para que estudiemos como hemos de hacerlo y para que nos preparemos. Tras las insoportables y continuas pérdidas de tiempo de la etapa de Mariano Rajoy y su abulia esencial me parece bien que ahora en vez de de invitarnos a llorar por lo mucho que se degrada ecológicamente el mundo nos propongan dar un paso adelante preciso así.

Naturalmente, han tardado muy poco en oírse los clarinazos del miedo que ha provocado la osadía de este simple anuncio.  Tenemos delante muchísimos intereses creados que serán defendidos con todo tipo de armas, y con la mentira como la primera de ellas. Pero debemos tener clara una cosa: el futuro viable es el nuevo nombre del progreso y de la justicia. ¿Y por qué no decirlo?:  también el de la revolución necesaria, esa a la que tendremos que aportar militancia y dureza.  

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A largo plazo, la drástica reducción de las emisiones de CO2 será un cambio de dimensiones y consecuencias similares al que ha producido la nueva tecnología. Se trata de modificar nada menos que el eje y el equilibrio energético actual del planeta. Por eso el primer embate defensivo del mundo del automóvil contaminante ha consistido en tratarnos de entrada como a tontos. ¡Vaya ocurrencia!, nos dicen. Pero otros países europeos más serios y responsables que el nuestro ya están reflexionando sobre cómo empezar a hacerlo, e incluso desean materializarlo en un plazo de tiempo más corto. Y en ninguno de ellos los falsos expertos se han desbocado tanto considerándolo una improvisación frívola. Aquí no se han atrevido a decirnos que lo genuinamente nuestro debe ser continuar preocupándonos monográficamente de nuestras desgracias identitarias, pero han tenido la desvergüenza de empezar a mostrarnos gráficos de colorines mostrando lo mucho que según ellos nos conviene que se perpetúe el actual status quo de la automoción contaminante, aunque nosotros seamos de los pobres desgraciados que ni siquiera tenemos petróleo propio.

Por razones de edad, es poco probable que yo esté vivo cuando consigamos ese objetivo. Pero hemos de lograrlo porque es uno de los pocos proyectos que vale la pena que emprendamos hoy quienes deseamos continuar viviendo a través de nuestros hijos.