08 abr 2020

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Análisis

Motores de Volkswagen, la marca más implicada en el ’dieselgate’.

EFE / JULIAN STRATENSCHULTE

(Otro) brindis al sol

José Antonio Bueno

España puede declarar lo que desee respecto a las matriculaciones en el 2040, mientras sigamos comprando el coche que nos guste dentro de nuestras posibilidades

Regular hoy sobre 2040 es poco más que una declaración de intenciones, y más en un tema que afecta a una industria global sometida a controles en los diferentes espacios económicos, en nuestro caso la Unión Europea. Da para un titular, para distorsionar el mercado y poco más, pero el mundo, no solo España, se gobierna por titulares, tweets y likes o dislikes. Estamos en plena era de la superficialidad

Y superficial, muy superficial, es el trato de las administraciones al sector del automóvil, la segunda industria española después de la turística, con permiso de la construcción. Estamos jugando con las cosas de comer. 

Sin duda es bueno, y necesario, mejorar la calidad del aire de las ciudades, pero no lo es menos que hemos de acompasar las medidas pro medioambiente con la realidad económica. Afortunadamente vivimos en un entorno “civilizado” y eso tiene un impacto ambiental, nos guste o no.

La industria del automóvil se ha puesto las pilas hace muchos años reduciendo las emisiones de los vehículos y cada espacio económico (UE, USA, Japón…) acompasa la regulación con la realidad. En nuestro entorno las normas las dicta la Unión Europea tras haberlas pactado con los fabricantes de automóviles a través de su asociación (ACEA). Desde setiembre de este año rigen las EURO 6. Las normas EURO se adaptan en función de los estudios medioambientales y de la tecnología disponible. Antes preocupaba más el CO2 que el NOx y hoy es al revés. Vaya usted a saber si en 2040 nos puede preocupar más la radiación electromagnética que cualquier otra emisión.

Cierto es que el 'dieselgate' no ha ayudado nada. Varios fabricantes idearon mecanismos para eludir la regulación, que ellos mismos habían aceptado, por mero interés económico. Y al pillarles su crédito ha caído, lógicamente, en picado. Y aunque los coches diésel son más eficientes que los de gasolina y emiten menos CO2, ahora están malditos y hemos depositado nuestras esperanzas en un vehículo tecnológicamente inmaduro. Al coche eléctrico le faltan años de desarrollo y quién sabe si el futuro será o no enchufable. Puede que se produzca electricidad internamente (p.e. con pilas de combustible alimentadas por hidrógeno) y sobren todos los enchufes, pero de momento hacen falta al menos 200.000 postes de carga en todo el país para alimentar los coches con electricidad… que no siempre es limpia. El mix de producción eléctrica es variado y mucha producción eléctrica emite CO2, aunque en el campo y no en la ciudad. 

España puede declarar lo que desee respecto a las matriculaciones en el 2040. Francia California apuntan al mismo año en su deseo, y Noruega, un país al que le sobra la energía, apuesta por el 2025. Pero lo que convertirá el deseo en realidad serán los acuerdos entre la ACEA y la UE. Será la normativa EURO la que marque el camino de lo posible. Mientras tanto sigamos comprando el coche que más nos guste dentro de nuestras posibilidades porque por muy mal que nos vayan las cosas hasta 2040 algún coche habrá que comprar…