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Editorial

Plan del Gobierno contra las seudoterapias

El proyecto prevé la exclusión de las seudociencias de cualquier centro sanitario y un mayor énfasis en las facultades de Medicina sobre sus efectos

Un grupo de personas se somenten a una sesión de Reiki, considerada una seudoterapia, en el parque ferial de Madrid.

Un grupo de personas se somenten a una sesión de Reiki, considerada una seudoterapia, en el parque ferial de Madrid. / DAVID CASTRO

La campaña iniciada por asociaciones privadas y colegios profesionales, avalada en su día por centenares de expertos en una carta dirigida a la ministra de Sanidad contra las seudociencias y la seudoterapias, se fijó como objetivo luchar contra la llamada medicina alternativa, no solo aquella que como máximo era inocua para la salud sino contra todo tipo de charlatanería que intentara sustituir a la medicina tradicional a través de supuestos tratamientos curativos que pueden derivar en tragedia. Las seudoterapias presentan rasgos comunes (una salvación milagrosa con remedios sin evidencia científica, obviando la terapia consolidada y testada) y se hallan tanto en hospitales y farmacias (con fenómenos de intrusismo y mala praxis) como en centros de dudosa credibilidad o en webs y vídeos que infunden esperanzas sin base alguna.  

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Después de declaraciones en contra de estos métodos (combatidos a título individual por ministros como Pedro Duque), el Gobierno por fin ha aprobado un plan que prevé su definitiva exclusión de cualquier centro sanitario, un mayor énfasis en las facultades de Medicina sobre sus efectos, la lucha contra estudios universitarios que les den cobijo y un llamamiento a los medios de comunicación para que no den cancha a los gurús, además de una campaña de información a la población y la prohibición de la publicidad engañosa.

En el punto de mira también están la homeopatía y la acupuntura, con el objetivo de que únicamente puedan avalarse las terapias comprobadas científicamente y no sus sucedáneos.