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Mariano Rajoy acompañado de la cúpula del PP en el 2009, en una comparecencia sobre el ’caso Gürtel’

AGUSTÍN CATALÁN

Cospedal y la maldición de 'Génova 13'

Gemma Robles

Una de las últimas ideas de María Dolores de Cospedal siendo secretaria general del PP fue deshacerse de la sede que actualmente ocupa el partido, en Génova 13, por aquello de ahuyentar evocaciones indeseadas ligadas a esa fachada. Quiso hacer mudanza en tiempos de tribulación. La propuesta, actualmente guardada en un cajón, fue acogida de forma desigual por los trabajadores de la casa. Lo razonable puede resultar emocionalmente indigerible. Las paredes de ese inmueble, cuya última reforma parece que se financió con dinero de la caja b, custodian la historia y las esencias del partido. Las buenas y las malas. Las defendibles y las vergonzantes.

En ese cuartel de los populares se han celebrado con alborozo, en un célebre balconcillo, las victorias electorales desde los tiempos de José María Aznar y se han visto tiernas imágenes de un decepcionado Mariano Rajoy abrazado por su mujer. Es el hogar azul de una gaviota que supo aglutinar en su momento a todo el centro-derecha español y el lugar en el que, durante demasiado tiempo, sonó el teléfono de las malas noticias para anunciar asesinatos de cargos públicos a manos de ETA.

Pero también es la guarida donde el PP se recompuso de la agónica derrota del 14-M y donde, cuando menos lo esperaban, les estallaron entre las manos las consecuencias políticas del caso Gürtel, que les desalojó del poder el pasado verano. Génova 13 guarda los secretos de una organización política sometida a registros policiales, que fue testigo de destrucción de ordenadores con información comprometedora y que resultó condenada por corrupción, pese a las fotografías que allí se hicieron antaño un puñado de dirigentes, con Rajoy a la cabeza, para denunciar conspiración y negar las corruptelas.

Ahora se sabe que esa misma sede que Cospedal pretendía dejar atrás, ha dejado atrás a Cospedal. La exsecretaria general de los populares se ha visto obligada a marcharse sin honores una vez publicado que tuvo relaciones con el polémico (y encarcelado) excomisario José Manuel Villarejo al que, con la colaboración de su marido, encargó informes de compañeros como Javier Arenas y familiares de adversarios políticos como Alfredo Pérez Rubalcaba.

Fue todo por la causa, argumenta ella en su defensa, pero la también exministra de Defensa y exaspirante a liderar el PP cruzó líneas que un partido que aspira a sanearse desde dentro no se puede permitir. Pablo Casado, el actual líder, es consciente de ello y ha dejado caer en un tiempo récord a quien fue uno de sus principales avales para vencer a Soraya Sáenz de Santamaría en la pugna interna por el trono. Casado ha dado un golpe de autoridad en la mesa del despacho más noble de un inmueble que, al menos, por el momento, no se vende. ¿Esconde Génova 13 una maldición de la que el PP ha de deshacerse como sugería Cospedal?. Parece que su nuevo presidente ha descubierto que lo maldito no es el edificio, sino el olor que desprende un pasado sobre el que no se había limpiado lo suficiente. Tiene tarea por delante.