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El candidato demócrata para senador por Texas, Beto O’Rourke, posa junto a dos seguidoras en la localidad de Waco.

LARRY W. SMITH (EFE)

Objetivo: Casa Blanca 2020

Ramón Lobo

Los demócratas tienen que dejar atrás el monotema de Trump, pasar a la fase de proponer, de movilizar e ilusionar a los ciudadanos de EEUU

Pasada la tormenta de las elecciones legislativas en EEUU, se mantiene el huracán presidencial. No parece que Donald Trump haya entendido el mensaje de los votantes porque su fuerte no es escuchar. Se apunta la “tremenda victoria” en el Senado --donde los republicanos han incrementado la mayoría--, ataca a los medios de comunicación (como prueba de que nada va a cambiar) y desdeña el revés en la Cámara de Representantes, en manos de los demócratas. Pero los tiempos de libertinaje legislativo, de orden y mando desde la Casa Blanca han terminado. Ahora tendrá que pactar o habrá bloqueo.

Los resultados están repletos de letra pequeña y de advertencias para ambos partidos. Hay movimientos de fondo que podrían resultar decisivos en 2020. Uno es la movilización. Son las primeras midterm (así se llaman porque tienen lugar en medio del mandato presidencial) en las que se superan la barrera de los 100 millones de votantes, en concreto 113 millones, un 48% del electorado. En 2014 votó el 39%. Uno de los problemas crónicos es la abstención. El incremento del voto anticipado es una gran noticia. Cerca de 3,3 millones de votantes entre 18 y 29 años utilizaron este procedimiento; representa un incremento del 188% respecto 2014.

El voto suburbano

Hay síntomas de que empieza a recomponerse la coalición que llevó a Barack Obama a la Casa Blanca en el 2008, el Yes We Can: mujeres, jóvenes y minorías. Ahora solo es necesario encontrar un candidato capaz de derrotar a Trump: un animal televisivo y excelente mitinero, sabe llegar a su electorado. A la lista de los habituales --Joe Biden, Bernie Sanders, Elisabeth Warren o Mike Bloomberg--, se ha sumado esta semana uno muy atractivo, pese a salir derrotado en Texas: Beto O’Rourke, de 46 años. Apunten el nombre.

Otro movimiento de fondo son los suburbios, a caballo entre el voto urbano, en el que los demócratas tienen una aplastante ventaja, y el rural, en el que los republicanos ganan por 13 puntos. En ellos se concentra el 50% del electorado. Este voto suburbano se ha inclinado a los republicanos en los últimos 20 años. Trump ganó a Hillary Clinton por un margen del 4%.

Adele Malpass cita a la demógrafa Karlyn Bowman en un análisis publicado en la web Real Clear Politics. Sostiene que la tendencia empezó a cambiar en los suburbios menos poblados en 2016, sobre todo entre las mujeres casadas. La diferencia fue 49-47% a favor de los demócratas. En las midterm de esta semana, el margen se ha abierto en diez puntos: 54-44%. Tiene que ver con el personaje machista que representa Trump. El voto suburbano casi lleva a Beto O’Rourke a dar la gran sorpresa en la batalla de Tejas contra Ted Cruz, un peso pesado del Partido Republicano. Perdió por un 2,6%. A cambio se ha construido una imagen nacional.

Tercer movimiento: Florida. Desde el asunto de las papeletas mariposa que entregó la presidencia a George W. Bush en 2000, se ha convertido en el árbitro de cualquier elección presidencial (sin olvidar Ohio). Es el Estado del suspense, todo se decide por un puñado de votos. El exgobernador republicano Rick Scott le ha arrebatado el escaño del Senado a Bill Nelson por 21.986 votos, menos del 0,5%. Es el margen que conduce al recuento automático. No esperen milagros, no suele haber vuelco.

El voto de los exreclusos

Ahora viene lo importante. Además de las legislativas, las locales y el cargo de gobernador en Florida se celebró un referéndum, la llamada Enmienda Cuatro, que restaura los derechos de voto a los presos que han concluido su pena, incluidos los que están en libertad condicional, siempre y cuando no sean delitos de sangre o sexuales. Afecta a 1, 5 millones de personas en edad de votar, un 0,9 % del censo. Muchos pertenecen a minorías. En un Estado en el que todo se decide por decimales puede ser clave en 2020.

Ese año se elegirá presidente, nueva Cámara de Representantes y un tercio del Senado (33 escaños). Los republicanos tendrán que defender 21 frente a 12 demócratas, algo mas favorable para los segundos, porque en las midterm de esta semana tuvieron que defender 25 frente a ocho republicanos. Dos de los escaños republicanos que estarán en juego dentro de dos años son los de Maine y Colorado, en ambos ganó Hillary Clinton.

Pensar en un vuelco es realista. Dependerá de la capacidad de arrastre de un buen candidato a la Casa Blanca y del trabajo que realicen estos dos años en la Cámara de Representantes. Ser partidistas resultaría catastrófico. Los demócratas tienen que dejar atrás el monotema de Trump, pasar a la fase de proponer, de movilizar e ilusionar a los ciudadanos de EEUU.