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MIRADOR

El presidente de la Generalitat, Quim Torra.

RICARD CUGAT

El escenario del diálogo inútil

Jordi Mercader

La tendencia irrefrenable del independentismo a empeorar condiciones objetivas de por sí muy crudas es discutible

Todos los implicados admiten que ahora mismo no hay condiciones para negociar los Presupuestos. Automáticamente, la aprobación de estos Presupuestos ha dejado de ser trascendental para ser solo una opción, el plan a substituible por el plan b, la prórroga de los vigentes. Lo sustantivo pasa a ser el evitar las elecciones para conjurar un hipotético retorno del PP. El clásico de José Zaragoza, 'si tú no vas, ellos vuelven', dirigido a los independentistas, 'si os vais de la mayoría, allá vosotros con las consecuencias'. Pablo Casado se encarga de divulgar a diario la descripción de las consecuencias.

Se supone que PSOE y Podemos, apelando a la horrorosa perspectiva del retorno de la derecha, creen en la posibilidad de conseguir un cambio substancial en la opinión de los dirigentes independentistas que les impide apoyar los Presupuestos. Sin embargo, siendo realistas, hay que aceptar la improbabilidad de que vaya a producirse una modificación de los dos factores determinantes en los que argumentan su decisión: la prolongación excesiva de la prisión preventiva de los procesados y el inmovilismo de los fiscales del Tribunal Supremo en su acusación de rebelión, discutida mundialmente y negada por el propio Gobierno a través de la Abogacía del Estado.

Una eventual negociación para sostener al Gobierno con un Presupuesto prorrogado y unos cuantos decretos leyes para aprobar las medidas más interesantes de las asociadas a los Presupuestos fallidos (salario mínimo, regulación municipal de alquileres) acabará donde estaban hace una semana, chocando con las condiciones objetivas, en la pretensión de los partidos independentistas de que Pedro Sánchez intervenga donde él no cree prudente intervenir para no comprometer la independencia judicial.

Ceder ante la irritación

La incomodidad del independentismo para hablar con el Gobierno Sánchez con acusaciones de rebelión de por medio es perfectamente comprensible, como lo es su apelación a la injusticia de tanta prisión preventiva. Mucho más discutible es la tendencia irrefrenable de sus dirigentes a empeorar aquellas condiciones objetivas de por sí muy crudas. Agitando el estado de ánimo del soberanismo con expectativas altamente improbables, han conseguido que la excitación creada les obligue a ceder ante la irritación de no obtenerlas por no aparecer como tibios. Han creado su propio escenario del diálogo inútil, y, ahora, el problema es dejar entender que mantienen vivo el contacto.

El diálogo sobrevive por la resistencia de un hilo de grosor microscópico. Algunos creen que podrá aguantar hasta el próximo verano, cuando la mayoría de las incógnitas van a ser despejadas. La base para preservar esta mínima esperanza está en confiar en la capacidad de todos los protagonistas para superar la incomodidad de la coyuntura sin renunciar a nada. Preservar una regla esencial de la negociación: cada etapa tiene sus objetivos de discusión, equivocarse de etapa o de objetivos de la misma puede amenazar el 'continuum' negociador, lo único relevante ahora mismo.

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