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Liderazgos

Un equipo

AP / MATILDE CAMPODONICO

Un equipo

Ricard Ustrell

Para José Mujica, la colectividad nunca puede ser utilizada para un uso personal

Conocí al expresidente José Mujica en Uruguay y me sorprendieron tres cosas. La primera, el color del sol en Montevideo; la segunda, su casa, llena de libros y polvo, y la tercera, su preocupación por encontrar liderazgos.

El hombre reposa en las afueras de Montevideo, donde comprende, con su inseparable Lucía, que los proyectos deben ser colectivos y que los liderazgos no surgen desde el mandar, sino desde la idea de compartir.

A la entrada de su casa, unos botes de tomate se secaban al sol, el mismo que se reflejaba en sus ojos mientras me contaba la vida. Mujica es un hombre que conoce que en la liberación de la opresión de los años 60 en Estados Unidos, o en el combate de la guerrilla en que él participó, está el nacimiento de los buenos liderazgos. La lucha entendida como un movimiento de justicia, de igualdad, desde el vacío de poder, de la reforma de las relaciones. Su liderazgo, pues, fue una consecuencia y no un objetivo. Y su luz, capacidad de transformación, es lo que lo hizo único en la oscuridad del mundo.

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Cuando volví hacia Catalunya notaba cada vez más la distancia. En mi país muchos políticos han construido liderazgos a la inversa. Caretas, carismas, que no van a ningún lugar. La relación que desarrollan, relación de poder y contrapoder, es solo entre ellos. Están oscurecidos, han olvidado su principal compromiso con la vida, lo de querer cambiar las cosas. Es como si el único objetivo, de unos y otros, en Catalunya, sea uno mismo.

Todo ello contrasta con Mujica. Para él, nunca la colectividad puede ser utilizada para un uso personal. Él conoce la injusticia, prisión y torturas, y sabe que, si no se cambia la jerarquía del poder, fracasa el hombre y la política.

La pereza que tiene el sol a ponerse en Montevideo es la misma que tiene Mujica para dejar de mirar el mundo. Te das cuenta de que no le da ninguna importancia a su vida, pero le da toda a la vida. Es la diferencia entre ser o no ser un buen líder, entre el sol de Uruguay y Catalunya. Te echo de menos, Jordi Cuixart...