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ANÁLISIS

Luis Suárez celebra su segundo gol en Vallecas, el del definitivo 2-3.

Los focos de la Champions

Sònia Gelmà

Habrá balón estrellado en el centro de San Siro. Sonará ese himno inconfundible y los jugadores saltarán al campo acompañados cada uno por un niño que no podrá disimular su cara de ilusión. La liturgia invita a elevar una competición que consigue atraer la atención más que ninguna otra. También en el vestuario del Barça, donde este año, más que de costumbre, se enchufan cuando aparecen los focos de “esa copa linda”. Jugarán mejor o peor, pero no resulta muy difícil adivinar que la intensidad ante el Inter será muy superior a la de Vallecas. Como lo fue en Londres ante el Tottenham, como lo fue ante el Inter en casa, o como lo fue ante el Madrid, un partido que siempre es de Champions.

Que un equipo no afronte todos los partidos con la misma intensidad no es novedad.  Es incluso humano. Nadie puede mantener siempre el mismo nivel de exigencia para sí mismo. Todos tenemos días mejores y días peores. Pero en función de nuestro nivel, podemos regular el esfuerzo que aplicamos a nuestra tarea. Y lo que el Barça está demostrando esta temporada es que no tiene tanto fútbol como para relajarse, que su fiabilidad defensiva no permite desconexiones, y que su superioridad no es suficiente como para dar por cerrados los partidos a la media hora de juego.

Cuando se encienden los focos de la Champions, están dispuestos a correr como animales tras el balón. Con presión, con intensidad, pueden llegar donde haga falta y ese Barça resulta prometedor. Luego llega la rutina de la liga y, de pronto, mayo les queda lejos. Pero como exigirles y motivarles cuando no lo hacen sus máximos rivales, la mediocridad de los equipos que deberían luchar por el título contribuye también al letargo azulgrana, acentuado en los desplazamientos ligueros.

El Rayo tiene el encanto de un equipo de barrio, pero es la antítesis de cualquier definición de glamour. Vallecas es sinónimo de pereza, como Butarque, y algo similar se puede asociar con Zorrilla o Anoeta en la mente de los futbolistas azulgrana. Cada uno de esos partidos puede analizarse individualmente, con carencias futbolísticas diversas, pero el amodorramiento es similar. Los focos de Vallecas no son los de la Champions, se encienden a otro ritmo y también se apagan antes, cuando se cree tener el partido controlado.

A diferencia de lo que habíamos visto hasta hace un mes, el equipo ya ha demostrado que es capaz de jugar bien, incluso sin Messi. Pero para ello necesita un nivel de motivación que, por lo visto, no le proporciona la monotonía de la liga. Y no porque se hayan cansado de ganarla, sino porque el objetivo es aún lejano y comprueban semana tras semana que el margen de error es amplio. El subconsciente hace el resto.

Temas: Champions