04 abr 2020

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Una exhumación con polémica

El santo sepulcro del dictador

LEONARD BEARD

El santo sepulcro del dictador

Juan José Tamayo

Llevar los restos a la Almudena sería profanar una lugar sagrado y prolongar la legimitación de Franco

Desde que los obispos españoles apoyaron el golpe militar del general Franco contra la república en la carta colectiva del 1 de julio de 1937, la jerarquía eclesiástica no ha logrado liberarse del yugo que le ataba al dictador y a su régimen. Juntos celebraron la victoria con el brazo en alto y el canto del Tedeum. La Santa Sede apostólica y el Estado español firmaron el concordato de 1953 que llenaba de privilegios a la Iglesia católica: económicos, culturales, educativos, fiscales, culturales, religiosos, familiares, laborales, jurídicos y militares. El concordato exigía a los sacerdotes españoles “elevar preces” por el dictador.

Se conformaba así el nacionalcatolicismo, sistema político-religioso de doble legitimación: de la dictadura a la “religión católica, apostólica y romana”, reconocida como “la única de la nación española” con carácter “de sociedad perfecta” y de la Iglesia al régimen de Franco. Ni siquiera el Concilio Vaticano II, que desmontaba pieza por pieza el edificio nacionalcatólico, logró modificar las relaciones de dependencia de la iglesia del Estado y eliminar los privilegios de ambos.

Entrar bajo palio en las iglesias

Durante casi 40 años Franco contó con el privilegio de entrar bajo palio en las iglesias y catedrales con los mismos honores que el santísimo sacramento de la eucaristía. Colocar al mismo nivel al jefe del Estado que a Jesús sacramentado es, teológicamente hablando, un sacrilegio. A la muerte de Franco la mayoría de los obispos españoles, incluidos quienes habían sido moderadamente críticos, le reconocieron como un cristiano ejemplar y se prodigaron en panegíricos. El cardenal primado Isidoro Gomá y Tomás le llamó “instrumento de los planes de Dios sobre la Tierra”. Es de destacar el panegírico del cardenal Tarancón: “Creo que nadie dudará en reconocer aquí conmigo la absoluta entrega, la obsesión diaria, incluso, con la que Francisco Franco se entregó a trabajar por España, por el engrandecimiento espiritual y material de nuestro país, con olvido incluso de su propia vida”.

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Desde hace 43 años Franco tiene su santo sepulcro en la basílica del Valle de los Caídos protegido por una comunidad de benedictinos, dedicada a mantener viva la memoria del dictador. ¡Triste menester! Conviene recordar que el primer abad del monasterio benedictino fue fray Justo Pérez de Urbel, procurador en Cortes y confesor de la esposa de Franco, y el actual, Santiago Cantera, fue candidato en las listas de Falange y defensor a ultranza de la permanencia de Franco en el Valle de los Caídos. ¡Franquismo en estado puro!

Durante este tiempo la jerarquía católica española se ha mostrado complaciente con dicha permanencia. Ha sido el Congreso de los Diputados quien ha acordado la exhumación de los restos del dictador de la basílica. Ahora la familia quiere enterrarlo en la catedral de la Almudena y la jerarquía eclesiástica dice no poder oponerse a dicho deseo, apelando a tres razones: que la familia es propietaria de un panteón en la catedral, que la Iglesia no excluye a nadie y que los muertos no tienen carnet político. ¿Una propiedad privada en un espacio religioso? ¿No es eso simonía? ¿La Iglesia no excluye a nadie? Claro que excluye: a las personas divorciadas vueltas a casar les puede  impedir comulgar; las mujeres que interrumpen el embarazo y las ordenadas son excomulgadas; a los homosexuales se les prohíbe el acceso al sacerdocio... ¿Los muertos no tienen carnet político? Por supuesto que lo tienen, y alguno como el de dictador es contrario a los valores evangélicos.

El episcopado español aún tiene pendiente pedir perdón por haber apoyado el golpe de Estado y haber legitimado durante 40 años las dictadura

Si se retira a Franco del Valle de los Caídos y se le entierra en la Almudena supondría sacarlo del santo sepulcro basilical, colocarlo bajo el manto protector de la patrona de Madrid y prolongar la legitimación del dictador. ¿Alguien se imagina que el papa Francisco permitiera que el general Videla fuera enterrado en la catedral de Buenos Aires?

El 20 de noviembre me parece la fecha más señalada para exhumar los restos de Franco de la basílica benedictina y entregarlos a la familia para que les den sepultura conforme a sus deseos, menos en la catedral de la Almudena, que sería la profanación de un lugar sagrado. Asimismo me parece una fecha simbólica para que el episcopado español pida perdón por haber apoyado el golpe de Estado de Franco, legitimado durante 40 años la dictadura y mantenido el santo sepulcro de Franco durante 43 años en el Valle de los Caídos. Si, al final, se cede a los deseos de la familia y Franco fuere enterrado en la Almudena estaríamos hablando de francocatolicismo.