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LA CLAVE

Cospedal, Casado y Súarez Illana, durante un desayuno informativo el pasado mes de julio.

ZIPI (EFE)

El talón de Aquiles de Casado

Enric Hernàndez

Al líder del PP solo le quedan dos opciones: forzar la renuncia al escaño de Cospedal o convertirse en cómplice de quienes orquestaron y encubrieron la corrupción del partido

Con el fin del turnismo, en España los liderazgos duran un santiamén. Rota la baraja bipartidista, de cartas marcadas, el tránsito de Pedro Sánchez del desahucio al poder fue casi tan veloz como el de Mariano Rajoy entre la Moncloa y el registro de la propiedad. Es el signo de los tiempos; si no, que se lo pregunten a Pablo Casado.

Beneficiario de la fuga de un Rajoy que no quiso testar, Casado se hizo con la presidencia del PP con la misma rapidez --y parejo esfuerzo-- con que antaño sumaba títulos universitarios. Dos fueron sus grandes puntales: el patrocinio moral de José María Aznar y el apadrinamiento orgánico de María Dolores de Cospedal, dispuesta a todo con tal de parar los pies a la exvicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría.

El problema de Casado no es ya su turbio expediente académico, convenientemente blanqueado por el Tribunal Supremo, sino la hoja de servicios del ama de llaves que le abrió las puertas de Génova. Sin el respaldo de Cospedal, hoy Casado estaría embelleciendo su currículum en busca de empleo en alguna consultora. Todo lo que a ella le afecte, pues, le afecta a él.

Las grabaciones de José Manuel Villarejo, en las que la entonces número dos del PP y su marido exploraban sendas umbrías para desactivar el 'caso Gürtel' allá por el 2009, son por tanto un torpedo en la línea de flotación de Casado. Primero, porque el PP ha exigido la cabeza de la ministra Dolores Delgado por charlas igual de añejas con el excomisario, pero en comparación mucho menos comprometedoras. Segundo, porque conspirar con un policía para entorpecer la acción de la justicia constituye un grave delito, más aún en un político. Y tercero, porque las cintas desmienten el supuesto empeño en sanear el PP del que siempre presumió Cospedal.

PARRICIDIO POLÍTICO

Solo dos alternativas le quedan a Casado: forzar la renuncia al escaño de Cospedal, un parricidio en términos políticos, o convertirse en cómplice de quienes orquestaron y encubrieron la trama Gürtel. Todo ello, con tres juicios pendientes por la financiación ilegal del PP... y con Albert Rivera pisándole el talón de Aquiles de la corrupción.