El liderazgo

Políticos de proximidad

Pronto tendremos elecciones municipales y los políticos se pasearán, receptivos y simpáticos, por calles y mercados. Les tenemos que pedir que no vengan una vez y ya está: que vuelvan, y que nos den su número de móvil, venga.

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Políticos de proximidad

EFE / REUTERS

Cecil Court es un callejón muy bonito y lleno de librerías de viejo, en Londres. Hoy en día sigue siendo propiedad de la familia Cecil, que lo recibió de la reina británica a finales del siglo XVII. Como da a Charing Cross Road, que era un centro comercial con muchas librerías y teatros, durante décadas las librerías de Cecil Court se beneficiaron de la afluencia de gente. Hace unos años, sin embargo, el panorama en Charing Cross cambió. Muchas tiendas de discos y librerías cerraban, y se abrían más y más restaurantes de comida rápida. Entonces la familia Cecil pensó que era hora de ganar más dinero y subir los alquileres.

Una tarde un librero de Cecil Court me contó la situación y me pidió ayuda: solo tenía que escribir un correo electrónico a un diputado del Parlamento británico y defenderlos como lector y cliente. Daba igual, si yo no era ciudadano británico. Cuando llegué a casa lo hice, como miles de personas más, y un mes después recibí una respuesta del diputado dándome las gracias y diciendo que trataría de hacer algo. Hoy una buena parte de las librerías de Cecil Court sigue abierta.

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Una amiga de Estados Unidos me contó una situación parecida. El teléfono y el correo de los políticos que ellos eligen directamente, por cada condado, son públicos, y es normal que cuando Donald Trump intenta deshacer alguna ley --como el programa de salud pública de Obama--, los electores llenen el WhatsApp de su representante directo de mensajes para presionarle y pedirle que se oponga. Se juega su confianza.

Cuento todo esto porque me parece que nuestro sistema político es más opaco. Gritamos y nos discutimos apasionadamente, pero elegimos a nuestros políticos para que hagan su trabajo y nos dejen tranquilos. Nuestra elección, además, nos vincula personalmente a ellos y nos adormece el espíritu crítico. Pronto tendremos elecciones municipales y los políticos se pasearán, receptivos y simpáticos, por nuestras calles y mercados. Harán arrocitos, 'calçotades'. No es suficiente. Les tenemos que pedir que no vengan una vez y ya está: que vuelvan, y que nos den su número de móvil, venga.