Editorial

La inmoralidad de Trump respecto a la inmigración

La idea de eliminar el 'derecho del lugar' a los bebés nacidos en EEUU es otro desvarío del mandatario

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El presidente de EEUU, Donald Trump. 

El presidente de EEUU, Donald Trump.  / ANDREW HARNIK (AP)

En los dos años desde su llegada a la Casa Blanca, la mala fe de Donald Trump ha quedado suficientemente demostrada cuando manipula la realidad y alienta los instintos más deplorables de un electorado que cree a pies juntillas todo cuanto sale de la boca del presidente. El uso mendaz de la inmigración le ha dado excelentes resultados. Ahora, a una semana de las elecciones de mitad de mandato que podrían llevar a los demócratas a tener mayoría en la Cámara de Representantes, Trump está desplegando un arsenal de órdenes y declaraciones que usan la inmigración como el gran enemigo de EEUU.

Ha calificado los comicios del martes como las ‘elecciones de la caravana’ en referencia a los miles de hondureños que caminan hacia el norte en busca de una vida mejor al infierno en el que han vivido en su país. Ha ordenado el envío de 5.000 soldados a la frontera que se suman a los centenares ya desplegados para impedir aquella llegada. Y en una última declaración --hasta el momento-- pretende abolir el derecho de ciudadanía a los nacidos en Estados Unidos de padres extranjeros.

Trump miente cuando dice que EEUU es “el único país del mundo donde, si una persona llega y tiene un bebé, el bebé es un ciudadano de los Estados Unidos (...) con todos los beneficios”. Muchos otros países del mundo utilizan el criterio jurídico del ‘ius soli’, el ‘derecho del lugar’, para determinar la nacionalidad de una persona. Trump también miente cuando dice que acabará con este derecho mediante una orden ejecutiva porque este derecho está reconocido desde hace 150 años en la 14ª enmienda a la Constitución de EEUU ratificada en 1868. Y una enmienda a la carta magna no se borra de un plumazo con una orden ejecutiva a la que tan aficionado es el presidente.

Miente asimismo politizando la inmigración hasta límites inmorales cuando las estadísticas de la propia administración demuestran un gran descenso de inmigrantes sin documentos a cuyos hijos iría destinada el fin de la nacionalidad. Que todo esto suceda en un país que ha crecido hasta convertirse en una superpotencia gracias a la inmigración de gentes procedentes de todo el mundo, incluidos los antepasados del presidente así como dos de sus tres esposas, demuestra lo muy bajo que ha caído la política en EEUU. Y no solo es obra Trump. El apoyo y/o el silencio del Partido Republicano a sus desvaríos merecen la misma condena que el presidente.