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Editorial

Difícil salida para el éxodo de hondureños

La caravana de migrantes pone a México, con unas difíciles relaciones con EEUU y una complicada situación interna, en un atolladero

Un momento de descanso de un grupo de hondureños de la caravana de migrantes.

Un momento de descanso de un grupo de hondureños de la caravana de migrantes. / REUTERS / CARLOS GARCÍA RAWLINS

Recibe el nombre de Triángulo Norte. Lo forman HondurasEl Salvador y Guatemala, tres países asolados por la guerra en los años 80 y a los que la paz solo trajo otra forma de guerra debido a la inexistencia de una Estado de derecho, la falta de cualquier perspectiva económica, y el dominio de la violencia de las bandas pandilleras y del narcotráfico. Todo ello les otorga las tasas de homicidios más altas del mundo, siendo Honduras el país más violento sin una guerra declarada. No debe pues extrañar que miles de ciudadanos de este país, a los que se han sumado gentes de los otros vecinos, intenten buscar una solución a sus cuitas en la emigración.

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Lo sorprendente de la caravana que está cruzando México con el objetivo de llegar a EEUU es el carácter masivo -7.000 personas dejaron Honduras el 13 de octubre-, su fe absoluta en la bondad del gran país del norte pese a la política antiinmigración de la Administración Trump, y la gran presencia de mujeres con niños, algunos muy pequeños. Son ellas el testimonio más vivo de por qué dejan atrás su país y lo hacen pensando más en el futuro para sus hijos, lejos de la violencia pandillera de las maras, que en el presente.

Esta caravana pone a México, con unas difíciles relaciones con EEUU y una complicada situación interna, en un atolladero. En Washington, el éxodo es gasolina para la política antiinmigración de Trump en plena campaña electoral. No se vislumbra una solución y los miles de hondureños sumarán un nuevo capítulo al múltiple victimismo del que ya son objeto.