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ANÁLISIS

Lopetegui dando instrucciones desde la banda en Montilivi.

Dar confianza a Lopetegui

Axel Torres

La implacable defensa que hizo Florentino de la actuación de su entrenador cuando lo presentó debería tener continuidad ahora con gestos

Julen Lopetegui llega al clásico jugándose el cargo de entrenador del Real Madrid. No lo ha dicho nadie del club, pero lo repetimos los periodistas desde hace una semana -algunos, de hecho, han llegado a escribir que está sentenciado y que caerá más pronto que tarde-. ¿Y por qué lo repetimos? ¿Nos lo imaginamos? ¿Hacemos una suposición a partir de lo malos que son los resultados y del comportamiento que ha tenido el presidente del Real Madrid con técnicos anteriores en situaciones parecidas? No. Los que lo afirman con rotundidad lo hacen porque así se lo han filtrado desde dentro de la entidad. El periodismo no tiene ningún interés en echar a nadie, pero está obligado a contar lo que ocurre cuando las informaciones le llegan desde fuentes fiables.

Pero no es este un artículo que pretenda hablar de prácticas periodísticas ni defender a compañeros ante aquellos que les acusan de organizar campañas. El objetivo es analizar la actitud que el propio Real Madrid está teniendo con su entrenador y preguntarse si es la adecuada. Aun si no diéramos crédito a lo que se viene publicando o pensáramos que no tenemos pruebas concluyentes para darlo por cierto, lo que sí sería indiscutible es que no está habiendo un apoyo firme, contundente y explícito del club a su entrenador. Incluso cuando Butragueño lo ha ratificado provisionalmente ante preguntas concretas y directas lo ha hecho con una cierta timidez, como si deseara pasar pronto a la siguiente cuestión.

La manera en la que llegó Lopetegui al Real Madrid no fue corriente, y por lo tanto se esperaría que se le tratara, también, de forma excepcional. Aceptando la oferta, Julen se jugó quedarse sin Mundial -como acabó sucediendo-, y todos los que habíamos hablado con él en el año previo sabíamos cuánta ilusión le hacía la cita de Rusia. También se expuso a ser vilipendiado por una parte importante de la opinión pública, que pasó a considerarle algo así como una especie de traidor nacional, como si hubiese obrado con el objetivo de desestabilizar a conciencia a la selección a pocos días del debut.

Cierta reciprocidad

Lopetegui cumplió un sueño sentándose en el banquillo del Bernabéu pero perdió mucho, y lo razonable sería que ese sacrificio tuviera ahora una cierta reciprocidad en forma de paciencia y apoyo. Especialmente porque la situación no es irreversible y las cuestiones que están minando más al Madrid tienen poco que ver con su gestión: o son la lógica consecuencia de la pérdida del mejor goleador de la plantilla o del desgaste físico y emocional de aquellos que llegaron hasta la final del Mundial y que tan importantes fueron en los éxitos del pasado.

No andaba mucho mejor el equipo blanco hace un año justo, y entonces sí tenía a Cristiano y no existía resaca post-rusa para Modric y Varane. Aguantó entonces a Zidane por el crédito obtenido con los títulos y quizá Lopetegui merezca ahora ese mismo crédito por sus gestos. La implacable defensa que hizo Florentino de la actuación de su entrenador cuando lo presentó debería tener continuidad ahora dándole tiempo y confianza.