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MIRADOR

Pedro Sánchez y Pablo Casado, en la Moncloa

JOSE LUIS ROCA

Animal Spirits

Antón Losada

Provocar el adelanto electoral se ha convertido en una necesidad vital para el PP

De acuerdo con los últimos barómetros del CIS, sin 'cocina' alguna, un abrumador setenta por cien de los encuestados se declara bastante o completamente feliz y, aunque crece el pesimismo económico y político en general, son más quienes ven con confianza su propio futuro. Sin embargo, ocho de cada diez españoles está preocupado por la crispación, dos de cada diez señalan a Pablo Casado y uno a Pedro Sánchez, pero tres entre cada diez tienen claro quién es el culpable: todos ellos. Casi un 90% de los encuestados reclama que se haga algo para rebajar la crispación política. Exactamente lo contrario de lo que parecen dispuestos a hacer los actores políticos. No es el país quien da motivos de preocupación a la política, es la política quien preocupa al país.

Decía Keynes que las decisiones económicas se explican no solo como un cálculo racional de expectativas, sino también como resultado de los espíritus animales que impulsan al individuo a preferir la acción a la quietud. Más allá de las cifras o los costes y beneficios, la economía de un país también es el resultado del estado de ánimo de sus gentes y sus actores económicos. Algo muy parecido acontece también en la política. Además de los asuntos, las encuestas o las votaciones ganadas o perdidas, la política de un país también refleja un estado de ánimo y lo cierto es que, en la española, los espíritus animales andan sueltos y salvajes.

Albert Rivera dio por liquidado su pacto con Mariano Rajoy y anunció el fin de la legislatura convencido que los socialistas solo sumaban para la censura, pero no para gobernar. El PP perdió el poder seguro de que Sanchez no aguantaría hasta las municipales. Hasta el propio Pedro Sanchez jugaba a la ambigüedad entre convocar o gobernar. Con Rajoy o sin Rajoy, la derecha seguía confiando en que la imposibilidad de entenderse de la izquierda les acabara devolviendo el poder más pronto que tarde. El tiempo corría a su favor.

Pero las cosas no están saliendo exactamente de acuerdo con el plan. La izquierda se entiende y los votos de los nacionalistas vuelven a estar en el mercado de la negociación política. La legislatura se alarga y a la derecha le entra la prisa, Pablo Casado no sabe si aguantará los resultados de Andalucía y las municipales. Albert Rivera intuye que se le puede estar pasando la oportunidad. Provocar el adelanto electoral ya no es solo una opción, se ha convertido en una necesidad vital.

No basta con criticar o ridiculizar a Sánchez, hay que deslegitimarlo. Llamarle golpista solo es otro día en la oficina del ataque frontal a su legitimidad. Al PSOE y al presidente le toca elegir con sumo cuidado sus armas. Decidir si baja al barro a responder golpe por golpe o se aventura a construir un relato de la política y del gobierno que conecte mejor con un país que no tiene el adelanto electoral entre sus primeras preocupaciones. Si algo hemos aprendido es quién acaba ganando al final el juego de la crispación y el todos son iguales.