Ir a contenido

ideas

Anthony Hopkins, en una escena de El silencio de los corderos.

La maldición de la tercera película

Desirée De Fez

La maldición de la tercera película. Es muy injusto, pero esa maldición existe y ha cogido especial fuerza los últimos años. En resumen y con variaciones, el ciclo vital de la obra de muchos autores es el siguiente: una ópera prima sorprendente (y un cineasta que promete), una segunda película muy buena (o directamente magistral) y una tercera, decepcionante. ¿Qué pasa con todo esto? Pues que no tiene sentido.

No tiene sentido por muchas razones, pero quizá la más llamativa es lo profundamente absurdo que es pretender, casi exigir, que los cineastas que han llamado la atención con su debut sean genios y maestros en tres títulos. Pienso en las primeras películas (que a veces no son ni dos ni tres, sino unas cuantas más) de algunos de mis directores favoritos, incluso de cineastas intocables, y no tienen nada de obras maestras. Algunas son flojas, otras son valiosas analizadas con perspectiva y puestas en contexto, algunas me gustan más de lo normal porque son de quiénes son... ¡y otras son directamente malas! 'Fear and Desire' (1953) no es 'El resplandor' (1980), 'Greetings' (1968) no es 'Carrie' (1976) y 'La cárcel caliente' (1974) no es 'El silencio de los corderos' (1991). Aunque apunten maneras, no todos los cineastas destinados a trascender brillan desde el principio y/o de forma constante.

Y está bien, y no pasa nada. En la intermitencia, el titubeo o directamente el error también están la búsqueda de la identidad y la formulación (y reformulación si es necesario) de la propia voz. Por eso me parece tan injusta esta inclinación –por otro lado otro de los muchos síntomas de un presente con demasiadas prisas, poco reflexivo y con un hambre de 'hits' bastante delirante– a catalogar de decepción o directamente de fracaso la obra de un cineasta que acaba de empezar o lleva poco tiempo buscándose y buscándonos. No se trata, ni mucho menos, de decir que está bien lo que está mal. Se trata de no bajarse a la primera, de dar un margen de confianza y de entender que no todos los procesos creativos son in crescendo y sin bajones o fallos. La urgencia por la excelencia va a acabar con nosotros.

Temas: Películas Cine