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Tensa sesión en el Congreso de los Diputados

Pedro Sánchez, en la sesión de control al Gobierno.

JOSÉ LUIS ROCA

Bombas de demagogia

José Luis Sastre

Ante la venta de armas a Arabia Saudí, lo que tendrán que demostrar los políticos es si en realidad pretenden algo distinto a surfear la escandalera y dar con un anuncio que alivie sus conciencias

Hace unos cuantos días, dos menores se ahogaron en la misma playa donde apareció muerto el niño Aylan Kurdy. No eran los primeros ni parece que vayan a ser los últimos, pero no le importó a nadie. Total, vivimos en un mar de indiferencias del que solo nos despiertan vídeos virales que se puedan retuitear, para alivio de las conciencias. Así se hacen las revoluciones modernas, dando al 'me gusta'. Ahora se lleva asombrarse por aquello que ha ocurrido siempre y cuando al torturador se le va la mano en el consulado de Estambul caemos en la cuenta de que Arabia Saudí es una dictadura. Después de cientos de muertos en Yemen que no importaron, empieza a importar el régimen de Riad porque descuartizó en Turquía a un periodista establecido en Washington, lo que generó este desparrame de incómodas lecciones morales antes de que podamos regresar al calor de nuestras indiferencias. 

Muerte y estadística

España vende armas a Arabia Saudí. No es una novedad. España, de hecho, vende armas a muchos otros países y algunos de ellos ofrecen dudas semejantes sobre el cumplimiento de los derechos humanos. Alemania, que propone el embargo cuando ya ha ejecutado sus contratos, tiene tratos comerciales con naciones de parecida ralea. De Recep Tayyip Erdogan, que comparece para exclamarse en discursos que televisa en directo la CNN, no hace falta añadir muchas descripciones, porque basta con consultar informes de distintas oenegés para deducir su concepto del periodismo y la libertad. Pero ahí estamos. El portavoz del PNV citó este miércoles esta frase, que atribuyó a Henry Kissinger aunque otros la conceden a Stalin: "Una muerte es una tragedia y un millón, una estadística". A lo mejor era eso.

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Arrastrado por esta marea, el Congreso de los Diputados trató de abordar el dilema en plena precampaña andaluza y, cuando fue a acabar el debate, todo quedó perdido de demagogia. En la misma tribuna se defendió respetar los derechos humanos pero mantener los contratos y hasta buscar otros compradores para las corbetas que se construyen en Cádiz, como si fueran barcos de juguete, como si las armas en otras manos garantizaran su uso en algo distinto que para el que se fabricaron. Difícilmente la solución llegará -si es que de verdad la quieren- con notas de prensa, declaraciones improvisadas, eufemismos, reacciones unilaterales y chapoteos en el lodazal en el que empiezan a convertir los parlamentos. Difícilmente llegará con debates que dicen preocuparse por la dignidad y luego van de Catalunya a Venezuela. Para los mítines hay otros sitios.

Si todos apelan al multilateralismo cuando se ponen a criticar a Donald Trump, parece coherente gesticular menos y acordar más. "La política consiste en convertir los ideales en realidades", pronunció este miércoles el presidente del Gobierno como acabado de aterrizar. Este es, claro, un dilema moral y de interés, pero no es nuevo. España ya suscribió otros embargos en la venta de armas. Lo que tendrán que demostrar es si en realidad pretenden algo distinto a surfear la escandalera y dar con un anuncio que alivie sus conciencias. Hasta que otro vídeo viral apele a nuestra indiferencia.