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ANÁLISIS

Florentino Pérez.

EFE / Kote Rodrigo (EFE)

¿Quién quiere ser Florentino?

Sònia Gelmà

“Esto no es el Madrid ni usted, Florentino Pérez”. Así le recriminó un socio a Bartomeu que retirara la posibilidad de rechazar el rediseño del escudo. No, Bartomeu no es como Florentino porque ya quisiera el presidente blanco que su mayor problema fuera un nuevo escudo. Como si eso le pudiera suceder, como si a Florentino se le pudiera desmadrar una asamblea.

Lo bueno que tiene Florentino es que es transparente, los medios madrileños nos ofrecen su estado anímico prácticamente al instante. Así que se sabe que Lopetegui ya está sentenciado. Un zombi -metafóricamente hablando- que transita por Valdebebas consciente de que ante el Victoria Plzen se sentará en el banquillo del Bernabéu por última vez, a no ser que su presidente recapacite, cosa que también sabremos.

Bartomeu no puede imaginarse destituyendo un entrenador cuatro meses después de haberlo fichado sin que haya moción de censura o elecciones anticipadas de por medio. Tampoco tiene crédito suficiente ante el socio como para que la grada no se gire contra él tras cuatro derrotas en cinco partidos, y menos si ese mismo verano ha decidido vender a su gran estrella para luego traer a cambio un meritorio.

Evitar la derrota

Pero Bartomeu no es Florentino. El presidente del Barça ni es autoritario –a pesar del gesto del sábado-- ni transmite autoridad, ni siquiera en ese momento en que como un niño que va perdiendo al parchís, decidió tirar todas las fichas del tablero para evitar la derrota. Porque aunque no calibró las consecuencias de una decisión que él considera normal -la de retirar en el último momento un punto del orden del día, su decisión no era más que una torpeza para evitarse un bochorno que fue aún superior. Perdió esa batalla y la que venía después, bastante más molesta para la gestión de la entidad, la que les tenía que permitir créditos superiores al 10% del presupuesto.

Mientras Florentino calcula fríamente cuando le conviene ofrecer la cabeza de su entrenador como sacrificio, Bartomeu se atolondra en verse cuestionado por la estética del escudo, tema que califica como menor y que el socio enfoca como el último símbolo en el que refugiarse ante ese fútbol moderno que convierte las franjas de su camiseta en cuadros sin que ni siquiera le pregunten.

¿Preferiría Bartomeu estar en la piel de Florentino? El presidente del Barça debe medir cada propuesta, examinada con lupa, porque siempre camina por el alambre, y mientras tanto, Florentino parece gobernar una sociedad anónima. Los dirigentes azulgranas elogiarán la crítica de su masa social, presumirán de la salud democrática del club, pero cuando nadie les mira, envidian esa capacidad de Florentino para hacer lo que le apetezca con el escudo del Madrid.