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IDEAS

Una de las prouestas de la Bienal del Pensament Ciutat Oberta.

ÀNGEL GARCÍA

Pensar en la ciudad

Xavier Bru de Sala

Conseguir 20.000 asistentes con una propuesta cultural que no es popular ni populista ni siquiera de entretenimiento es un éxito. No es necesario dejar de aplaudir la iniciativa municipal de la primera Biennal del Pensament Ciutat Oberta para aportar cuatro puntualizaciones y dos preguntas.

Primera, por mucho que nos lo parezca, por mucho que lo intentamos, la cultura y el pensamiento no han vuelto al ágora. No porque no tengan allí una función sino porque no son bienvenidas. Si pensamos desde la memoria, observaremos (y lamentaremos) como a medida que se consolidaba la transición, la cultura fue marginada a un lado de la plaza de Sant Jaume e instrumentalizada en el otro. Punto final al tiempo de la cultura como componente esencial de la vida social y política, es decir, de la historia, que va del triunfo de la Renaixença al final de la resistencia antifranquista.

No es necesario dejar de aplaudir la iniciativa de la primera Biennal del Pensament para aportar cuatro puntualizaciones y dos preguntas

Segunda, para Ámsterdam primero es Ámsterdam. Para Holanda, también. La Biennal de Pensament es un síntoma, no el único, de cambio de paradigma. Después de que Catalunya tomara la delantera, Barcelona procura no quedarse atrás pero sin caer en el servilismo ni en el seguidismo adocenado. Instrumento ante todo de sí misma, Barcelona debe recuperar, remodelar y proyectar personalidad, que la tiene y fuerte, sin aislarse del país, bajo pena de partir en dos el tándem Barcelona-Catalunya.

Tercera, hubo un ciclo de la ciudad que va de 1939 al 2015. El nuevo intenta nacer pero le cuesta demasiado. Estamos en transición, no en inanición. La incertidumbre tiene rumbo.

Cuarto, cuidado con el peaje del espectáculo. Ahora les toca a los filósofos ser invitados a degradar su oficio. A ver cuando llegará el turno de los profesores de álgebra.

Las dos preguntas: ¿Hay vida cultural en Barcelona más allá del ICUB? ¿Para cuándo iniciativas culturales para los cinco millones de habitantes de la gran urbe? Aunque se guarde del sectarismo, el control político es impropio de una Ciutat Oberta.

Temas: Filosofía CCCB