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El 'caso Khashoggi'

Un manifestante muestra la foto de Jamal Khashoggi en una protesta frente al consulado de Arabia Saudí en Estambul.

REUTERS / Osman Orsal

Petróleo y huesos

Olga Merino

Es la mezcla de truculencia y desfachatez lo que ha suscitado las reacciones diplomáticas, muy comedidas, por otra parte puesto que no van más allá de cancelar la asistencia a la cumbre de la semana próxima, el 'Davos del desierto'

Indicios espeluznantes apuntan a que el periodista Jamal Khashoggi fue descuartizado en el consulado de Arabia Saudí en Estambul, adonde concurrieron 15 oficiales saudís de alto rango, alguno de ellos muy próximo al príncipe heredero Mohamed bin Salman (MBS). Aún con vida le cortaron los dedos, y un médico forense, integrante del escuadrón de la muerte, se encargó luego de destazar el cuerpo con una sierra de las que se usan en los quirófanos; dicen que se puso música mientras se afanaba en serrar los huesos.

Se van conociendo detalles con cuentagotas, mediante filtraciones a la prensa, porque al Gobierno de Erdogan evita un enfrentamiento a pecho descubierto con Riad por no poner en jaque las inversiones saudís en Turquía. Si el crimen no hubiese sido tan macabro, si el cadáver de Khashoggi hubiera aparecido con un par de tiros en un pasadizo del Gran Bazar, probablemente ya estaríamos ocupados en otros menesteres. Es la mezcla de truculencia y desfachatez lo que ha suscitado las reacciones diplomáticas, muy comedidas, por otra parte, puesto que no van más allá de la retórica y de cancelar la asistencia a la cumbre de la semana próxima, el 'Davos del desierto'.

Mientras, la monarquía del Golfo prepara una versión marciana de los hechos (una supuesta 'pelea' en el consulado) con la que tragarán las potencias occidentales. Trump tampoco piensa arriesgar la compra de armamento por parte de los saudís (entre manos, un contrato de 110.000 millones de dólares), de igual manera que el Gobierno de Pedro Sánchez tuvo que transigir con la venta de las bombas de precisión para mantener a flote los astilleros de Navantia en Cádiz. O sea, 6.000 puestos de trabajo.

Pero el dinero no borra las manchas de sangre, y me temo que la única forma de imponer un correctivo de veras a Riad es cortándole el suministro de armas. Mientras Occidente no establezca una postura firme en la defensa de la democracia y los derechos humanos, mientras no ensaye otras vías que reduzcan la dependencia del petróleo, seremos cómplices de la dictadura teocrática en el asesinato de Khashoggi. Y en la salvajada de Yemen.