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LA LACRA DEL MACHISMO

Trabajo de hombre, trabajo de mujer

LEONARD BEARD

Trabajo de hombre, trabajo de mujer

Ángeles González-Sinde

La reivindicación de la igualdad y de políticas que la favorezcan no es una cuestión de ambición o privilegio de unas cuantas privilegiadas

A veces una no quiere ser vista como la quejica. Si trabajas con hombres, intuyes que su postura frente a las reivindicaciones feministas es ambigua: callan porque ahora está feo criticarnos, pero también porque son escépticos. Por eso, si trabajas en entornos masculinos y eres mujer, conviene de vez en cuando que alguien te refresque la memoria para no caer en la tentación de pensar, como muchos de ellos, que todo esto del feminismo es una exageración o una interpretación interesada de los datos.

Uno de esos recordatorios necesarios es el informe sobre mujeres y pobreza laboral en Europa que hace pocos días publicó Oxfam. Entre otras perlas recoge lo siguiente: “Si miramos al 10% de la población europea con mayores ingresos, solo el 20% son mujeres. Al más alto nivel directivo de las grandes empresas, solo 36 de 609 CEOs o direcciones ejecutivas son desempeñadas por mujeres.” Imagino lo que objetarán muchos colegas hombres: si no ocupamos puestos directivos será o bien porque no estamos dispuestas a los sacrificios que conllevan, o porque no nos postulamos, o porque no tenemos la misma preparación y cualificación que los candidatos varones.

El freno de la maternidad

El otro día hablaba con dos guardias civiles pertenecientes a la primera y a segunda promoción de mujeres en la Benemérita, con treinta años de carrera a sus espaldas. Les pregunté por su graduación. Una es cabo, la otra guardia. Quise saber por qué no habían llegado más alto, respondieron sin dudar que por los años de maternidad. Para ascender hay que hacer cursos, aceptar traslados, misiones que implican viajar y horarios desordenados e impredecibles. Pero mientras ellas optaban por abandonar sus unidades especializadas y pasar los años de maternidad en funciones con horarios regulares, sus parejas, también guardias civiles, sí que ascendieron. No fueron ellos quienes les pidieron que antepusieran familia a carrera, la iniciativa partió de ellas mismas, autolimitándose como hacemos tantas mujeres. La sociedad no premia de ninguna manera la dedicación al cuidado. No goza de prestigio ni reconocimiento. Las organizaciones laborales tampoco preven ninguna forma de apoyo o compensación para que esa etapa no suponga una merma en la trayectoria de una mujer. Son, en palabras del informe, “las dañinas normas sociales de género que continúan infravalorando las habilidades y contribución de las mujeres y limitan sus decisiones a la hora de elegir una profesión.”

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Si a esto sumamos factores como la raza, la nacionalidad, la edad, vemos que las posibilidades laborales de las mujeres están mucho más amenazadas que las de los hombres. “Las mujeres en situación de precariedad y pobreza laboral llevan a sus espaldas el peso de la economía global, y esto tiene un precio. Su bienestar físico y psicológico, su percepción y satisfacción con la vida, así como sus relaciones personales, se están viendo afectadas” señala el informe. Lamentablemente “España tiene la tasa más alta de Europa de riesgo de pobreza laboral de las mujeres migrantes: una de cada tres trabajadoras está en riesgo de pobreza”. Es decir, de explotación y de marginación.

Es una de las consecuencias de la llamada segregación ocupacional, las creencias tradicionales y prejuicios sobre lo que las mujeres podemos hacer profesionalmente y lo que no. Esas concepciones están tan profundamente arraigadas en todos nosotros que muchas veces ni nosotras mismas somos conscientes de cómo nos autolimitamos. Si no ¿qué otra explicación hay a que en pleno 2018 en el último curso de dirección de cine de la escuela donde soy docente no haya una sola alumna y sean todo varones?

El problema por lo tanto es de todas, de las que están abajo y son altamente vulnerables, y de las que estamos arriba. La reivindicación de la igualdad y de políticas que la favorezcan no es una cuestión de ambición o privilegio de unas cuantas que aspiran a selectos puestos directivos. Necesitamos más mujeres cuyas voces se escuchen pues quien está arriba hace las reglas, establece los sueldos, las condiciones de los contratos, la cultura de las empresas y un entendimiento del mundo.

Redes de apoyo

Mientras ni las estructuras ni las políticas se adecúen a nuestras necesidades, es decir, a nuestro modo de vivir la vida, habrán fracasado y las mujeres seguiremos quedándonos atrás o bien rehuyendo participar o buscando soluciones alternativas como trabajar en segunda línea, auto-organizándonos en cooperativas y redes de apoyo mutuo, al margen de un mundo que, diga lo que diga, aún no cree en la igualdad.