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Análisis

Valverde ya no enamora

MIGUEL RUIZ

Valverde ya no enamora

Sònia Gelmà

Algo debe de ocurrir cuando los gestos para conseguir la continuidad del entrenador son tan tibios

¿Recuerdan cuando Valverde enamoraba? No lo decía la prensa, ni los jugadores, ni siquiera la afición. Quien lo aseguraba era Josep Maria Bartomeu. Hace justo un año. Por aquel entonces, en el principio de la relación, al presidente del Barça le brillaban los ojos y le subía la serotonina, como diría la canción de Manel, cuando pensaba en su técnico.

No era una reacción extraña en Bartomeu, ya pasó por algo parecido con el Tata Martino en sus primeros meses en el cargo. En aquel momento, llegó a decir que le ofrecerían la renovación incluso en el caso de que no ganara nada. Tuvo que ser el mismo Tata el que desistiese de continuar, al verse incapaz.

Bartomeu también expresó su devoción por Luis Enrique cuando le renovó a las puertas de su reelección, seis meses después de haberle sugerido en privado que hiciera menos rotaciones y de haber destituido a su gran valedor, Andoni Zubizarreta. Por esto último, Valverde no debe sentirse menos, porque le han hecho lo mismo con Robert Fernández, justo después de haber manifestado que era la persona más próxima que tenía en el club.

Las razones de la cautela

Lo significativo ahora es que ese presidente enamoradizo sea tan cauto con el futuro de su técnico actual. Es evidente que Valverde no pasa por un gran momento de popularidad. Se le cuestiona externamente, y algo parecido debe de pasar internamente cuando los gestos para conseguir su continuidad son tibios. Es cierto que tanto Bartomeu como su director deportivo, Pep Segura, han asegurado públicamente que cuentan con él para el año que viene. Pero en este caso lo importante no es tanto lo que se dice, un mensaje aparentemente coherente, como lo que no se dice.

Los precedentes nos llevan a preguntarnos por qué desde el club no se lanzan los habituales mensajes de amor eterno. A nadie parece apetecerle un elogio de más, un posicionamiento grandilocuente. Digamos que la relación sufre un cierto desenamoramiento mutuo, a pesar de que ninguna de las dos partes quiera admitirlo.

Quizá es que Bartomeu ha aprendido de experiencias pasadas que el amor por sus técnicos tiene fecha de caducidad. O quizá es que la relación se ha enfriado -se congeló en la mañana de la final de Copa, cuando Valverde descubrió que estaba en el disparadero-, tal como demuestran las gestiones de este verano pasado, cuando el club actuó en el mercado de manera casi independiente de su técnico, novedad en un mercado de fichajes.

El club ya ha superado la fase de euforia y, a juzgar por su lenguaje, tanto verbal como no verbal, Valverde tampoco vive una película de Disney. Ambos se han dado un tiempo. La trayectoria del equipo es la que les hará superar esta crisis o inclinará la balanza hacia una separación de bienes amistosa.