04 abr 2020

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El problema del narcotráfico

Estado en el que quedó, tras la explosión de una bomba, un taller de lavado de coches de San Pedro de Alcántara, en Marbella. El local es propiedad de un empresario al que se vincula con el narcotráfico.

Llueve sobre mojado

Isabel Llanos López

La lucha policial es una herramienta reactiva, la eficacia pasa por la prevención sistémica mediante medidas integrales que garanticen alternativas viables para una población que busca ingresos con la droga

Mientras haya consumidores, habrá narcotráfico. Es la simple ley de la oferta y la demanda. La lucha contra el tráfico de estupefacientes debe ser integral. Es innegable que las acciones en la actualidad deben canalizarse por las vías más activas desde la perspectiva operativa policial, pero el acometimiento debe ser sistémico. El 5% de la población adulta mundial consumió drogas al menos una vez en el año 2015. La escalada en el uso de sustancias sigue siendo el modo habitual para adentrarse en el terreno de las adicciones y mantener el ritmo de consumo que tantos ingresos genera a las organizaciones criminales. Organizaciones que siguen estructurándose como empresas y, por lo tanto, buscando los canales más adecuados para la entrada y distribución, y la península sigue teniendo una posición estratégica cara a Europa con puntos como la localidad de Algeciras, en el Campo de Gibraltar, que se erige como la vía de entrada para el 40% de la droga distribuida en el continente.

El principal problema para luchar contra el narcotráfico en España continúa siendo la desigualdad entre los medios empleados por los profesionales que combaten este negocio y la ingente cantidad de recursos con los que cuentan estas organizaciones criminales, que están replicando su modelo de negocio de éxito en las costas del sur del país. Una fórmula que triunfa en zonas estigmatizadas por el desempleo y la falta de futuro implicando no solo a los números de la organización sino a la población, como ya se vivió hace décadas en Galicia, propiciando un caldo de cultivo extremadamente violento que se enfrenta sin miedo a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, un fenómeno que hasta ahora en este país no se había vivido. En las motivaciones conductuales de estas implicaciones en el narcotráfico pesan, sobre todo, la falta de opciones laborales que garanticen cubrir las necesidades cotidianas con dignidad para que el narcotráfico no se muestre como la alternativa de trabajo más viable.

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Las acciones, por tanto, deben ir coordinadas para que tengan posibilidad de éxito contra esta lacra en exponencial desarrollo. Además del imprescindible incremento de medios y dotación de efectivos, es necesario un reajuste en el diseño de las políticas de seguridad y de las medidas legislativas y judiciales paralelamente a programas educativos, sanitarios y de empleo, que brinden una alternativa plausible para una población esquilmada económicamente. El éxito no radica en la aprehensión de grandes cantidades, como las cifras de récord obtenidas este verano. Las organizaciones no hacen apuestas en vacío, está claro que por estos alijos intervenidos hay muchos otros que se han colado, sino en parar la implementación de estas estructuras antes de que adquieran el poder y el posicionamiento suficiente para que no haya vuelta atrás.