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Al contrataque

Jose Mourinho dirige el juego del Manchester United en un partido reciente.

AFP / OLI SCARFF

El efecto Mourinho

Carles Francino

Estos días me viene a la cabeza la cantidad de aspirantes a Mourinho que se han destapado con el carajal del 'procés'

Más allá de colores, creo que cualquier persona que entienda algo de fútbol y que ame este deporte convendrá que el paso de Mourinho por la Liga española dejó un rastro tóxico, cuyos efluvios aún se perciben. Tengo buenos amigos madridistas que comparten este diagnóstico, aunque otros practican un 'catenaccio' mental de aúpa y anteponen a cualquier crítica el valor de Mourinho como recuperador de una autoestima que el Barça de Guardiola habría dejado bajo mínimos. O sea, una suerte de fe religiosa que se resume en: "Sí, a menudo se pasa siete pueblos; algunas cosas no me gustan mucho, a veces parece que esté loco…, pero es nuestro loco. Y al enemigo, ni agua". ¿No les suena este esquema mental? ¿No lo identifican en parte del paisaje político que nos rodea? ¿No lo ven, por ejemplo, en el sector más irredento del independentismo?

No me voy a meter con sus sistemas de juego, pero lo que me viene estos días a la cabeza es la cantidad de aspirantes a Mourinho que se han destapado con el carajal del 'procés'… y el proceso. Me gusta utilizar el catalán y el castellano porque creo que un pollo -el principal- lo tenemos dentro de Catalunya, pero el otro pollo -el reactivo nacionalista- que ha aflorado en el resto de España tampoco es menor; Pablo Casado, sin ir más lejos, es un alumno aventajado en el estilo Mourinho. Pero es que este es precisamente uno de los efectos más dañinos del 'caixa o faixa' que algunos entonan con tanta alegría como inconsciencia: hoy en Madrid -y en otros lugares de España- ya no se discute sobre una gestión política más o menos acertada, más o menos ilegal (yo, personalmente, creo que nefasta a todas luces).  Ahora lo que se persigue es directamente una idea: el independentismo. Que podrá gustar más o menos, pero que es una opción legítima siempre que no se intente imponer de mala manera y con la mitad de los catalanes en contra.

Bueno, pues demonizar el independentismo como alternativa real es algo a lo que han contribuido decisivamente los apóstoles de la unilateralidad. Alguien podrá decirme -y con razón- que ese rechazo a la independencia ya existía dentro y fuera de Catalunya. Como también es verdad que el Madrid y el Barça son genéticamente rivales. Pero no es lo mismo un partido con los jugadores saludándose al terminar, que 90 minutos de desplantes, patadas y triquiñuelas. Nunca sabremos cómo habría terminado este 'procés' con otros entrenadores en los banquillos. Mourinho estuvo tres años en el Madrid, los mismos que lleva Puigdemont condicionando la política catalana. Rajoy se comparó en el 2011 con el portugués por las críticas que recibía. ¿Almas gemelas?