Ir a contenido

LA CLAVE

Los expresidentes Artur Mas y Carles Puigdemont, en Waterloo (Bélgica)

OLIVIER HOSLET

El mesías Puigdemont

Enric Hernàndez

Los independentistas sensatos, que a buen seguro son mayoría, deberían preguntarse si el 'expresident' los conduce a la Tierra Prometida o si los ha abandonado a su suerte en un páramo sin salida

Uno tras otro, los castillos que Carles Puigdemont levanta en el aire acaban viniéndose abajo. Prometió un "referéndum vinculante" organizado por la Generalitat y acabó endosando el montaje de otro 9-N testimonial a la masa independentista, que fue la que al cabo se llevó los porrazos policiales. Presumió de estructuras de estado y de reconocimientos internacionales para acabar asumiendo que no tenía ni las unas, ni los otros. Fantaseó con una oferta de mediación europea que jamás había existido. Pidió el voto con el compromiso de abandonar su autoexilio y sigue afincado en una mansión de Waterloo. Y pergeñó un fantasmagórico 'Consell de la República' con sede en Bruselas, del que siguen sin llegar noticias. 

Sin eximir al Gobierno de Mariano Rajoy, que en vez de gestionar políticamente el conflicto catalán optó por judicializarlo y explotarlo electoralmente, los principales responsables de los actuales males de Catalunya son Artur Mas y Puigdemont, su sucesor. El primero, por plantear por intereses espurios un pulso con el Estado a sabiendas de que no podía ganarlo, y de que la factura la pagarían todos los catalanes. El segundo, por emprender la huida hacia adelante del 1-O, en la que no se detuvo hasta llegar a Bélgica.

ENFRENTARSE AL ESTADO

Nadie mejor que quien aspira a fundar un estado propio debe saber de qué instrumentos coercitivos dispone un Estado que se siente agredido. Mas ha pagado los errores con su derrocamiento, la inhabilitación judicial y su propio patrimonio. Puigdemont, con un largo extrañamiento. Pero, mientras el primero se ha retirado de la escena política, el segundo pretende seguir regentando el país a distancia, mediante su vicario Quim Torra y otros adictos situados en puestos clave.

Con las grandes empresas en fuga, la sociedad catalana fracturada y el bloque republicano resquebrajado, sería hora de que los independentistas sensatos, que a buen seguro son la mayoría, se preguntaran si en verdad Puigdemont es el mesías que les está conduciendo a la Tierra Prometida o si con deslealtad y patrañas los ha abandonado a su suerte en un páramo sin salida. A ellos y a todos los demás.