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Pagos en la comunidad

Imagen de una comunidad de viviendas en Barcelona.

DANNY CAMINAL

La Barcelona morosa hace olor de fanfarrón

Olga Guday

Hay un tipo de moroso, el intencionado, que no duda en dejar de pagar lo que no le pueden reclamar fácilmente

Llega el día D, en que el administrador de fincas me había notificado que sería la reunión de vecinos. Yo soy la arquitecta que rehabilita la fachada del edificio y he de asistir. Bueno, hago el proyecto de rehabilitación y llevaré la dirección de la obra, por lo tanto conozco los detalles técnicos para poder informar de los detalles.

Así que empieza la reunión de vecinos. Debaten sobre detalles y se me pide consejo en ciertos momentos, pero, después de hablar de obligaciones administrativas a nivel de seguridad y detalles proyectuales, finalmente se llega al punto crítico: el gasto total que asumirá cada propietario.

La dificultad económica siempre es preocupante, pero me llama la atención los detalles concretos de una vecina, Joana, que tiene una pensión mínima de viudedad. La derrama extra para las obras de rehabilitación la pondrá, verdaderamente, en situación de riesgo de pobreza extrema. Yo, conocedora del extremo que una comunidad puede llegar a embargar la vivienda privada, en caso de impagos de cuotas mensuales, extremo la atención, pero vislumbro una clara solidaridad de los vecinos para minimizar este riesgo. Me parece reconfortante, pues intentan suavizar el peso del coste mensual a una cantidad que sea asumible.

Joana es pues, según he descubierto, lo que se llama una morosa accidental, propietaria de edad avanzada, que cuenta con pagar las cuotas tan pronto como pueda volver a afrontarlo. Es un perfil tipo que tienen bien estudiado los administradores de fincas.

Pero el perfil más moroso tiene otras características, es lo que llaman el moroso intencionado (35% del total de la deuda, según el Observatorio de las comunidades de propietarios, en el 2013), de edad media, mayoritariamente masculino y que lleva una vida ostentosa, pero que no duda en dejar de pagar lo que no le pueden reclamar fácilmente. Por tanto, considera que se lo puede ahorrar.

El tercer perfil de moroso era el de los bancos, que ahora se ha traspasado a los fondos de inversión, y que poco a poco han ido ordenando su cartera de propiedades y pagando deudas acumuladas, aunque todavía les queda camino por hacer.

Y vuelvo a Joana. ¿Quién piensa en Joana pues? ¿Quién puede aliviar su paso por la vida en Barcelona? ¿Cómo solucionamos la urgente necesidad de poner al día nuestros edificios en temas de seguridad, de accesibilidad o incluso de ahorro energético y al mismo tiempo vigilar para no excluir a los ciudadanos con dificultades económicas severas?

Solidaridad y egoísmo

Afortunadamente, veo una respuesta solidaria en las comunidades de propietarios y veo los fondos de inversión que están poniendo orden a la derrota. Desgraciadamente, veo un colectivo inmaduro, egoísta y ostentoso, al que será necesario que las administraciones pongan en su lugar para ayudar al buen funcionamiento de la ciudad.

Y las comunidades de propietarios, perjudicadas por los retrasos, pueden poner penalizaciones mensuales por impagos para acabar así con los morosos sin moral. Y el oficio de arquitecta me manda no olvidar la necesidad de poner progresivamente al día los edificios para prevenir daños a terceros y ¡no tenerlos que curar nunca!