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CINCUENTENARIO DE MÉXICO-68

Kipchoge Keino, campeón olímpico de 1.500 metros en 1968.

AP

La colina de la agonía

Gerardo Prieto

Keino se impuso a Ryun en un histórico 1.500 tras entrenarse en altitud en Nyahururu

El oro en México-68 se ganaba a golpe de récord mundial. Hasta 14 plusmarcas cayeron en las finales de atletismo de los primeros Juegos de habla hispana. Un récord de récords. Nunca una gran competición ha sido tan volcánica en resultados. Gracias, en buena parte, a la implantación por primera vez  de una pista sintética. Y a la altitud de la capital mexicana (2.240 metros).

Avery Brundage, que presidía entonces el COI, tuvo que salir en defensa de la candidatura mexicana, cuestionada por quienes aseguraban que a esa altura, los atletas iban a tener muchos problemas fisiológicos y de adaptación. Lo que cual era cierto para los esfuerzos de largo aliento, aunque se demostró que con entrenamiento todo es superable.

La altitud hace de trampolín para los esfuerzos de corta duración (carreras hasta los 800 metros, saltos y lanzamientos), pero resulta una tortura para los fondistas a partir de los 1.500 metros. Los velocistas afroamericanos lograron registros que tardaron más de 20 años en ser superados (23 años el récord de Bob Beamon en longitud, 20 el de Lee Evans en 400 y 22 el de relevo de 4x400). Los fondistas apenas mejoraron algunos récords olímpicos, pero esta circunstancia sirvió para revelar al mundo que los corredores del altiplano africano dominarían a partir de entonces. En México-68, los africanos ganaron todas las carreras largas: 1.500, 5.000, 10.000, maratón y 3.000 obstáculos. Solo en hombres, porque las africanas tendrían que esperar hasta Barcelona-92 para subir al podio y visibilizar por primera vez su poderío atlético.

Una víctima ilustre

México también sonó a tiro de salida  para las excolonias africanas. En especial para Kenia, que acababa de lograr su independencia en 1963. Kipchoge Keino fue su gran figura, al derrotar al favorito, el estadounidense Jim Ryun, en la final del emblemático 1.500. Ryun era un atleta prodigioso, por debajo de los 4 minutos en la milla a los 17 años, y aterrizó en el DF ya como plusmarquista mundial.

Keino sufrió la popularmente llamada 'Venganza de Moctezuma' al llegar a la capital azteca y fracasó en su objetivo de lograr el oro en 5.000, aunque pudo recuperarse a tiempo. El pastor nandi estaba acostumbrado a respirar el aire enrarecido del altiplano del Rift Valley y, por si fuera poco, había entrenado en la altitud de Nyahururu, en una colina a la que renombraron como 'Agony Hill', la Colina de la Agonía. Durante años, los periodistas especializados mencionamos aquel accidente geográfico y ahora legendario haciendo referencia al entrenamiento agónico, un término utilizado entonces para describir el sufrimiento de los fondistas en deuda de oxígeno. No era para menos. Keino imprimió un ritmo casi suicida desde el tiro de salida en la final, un paso agónico para Ryun, impotente para seguir al africano ganador por fin del oro con un nuevo récord olímpico.

En los años 90, tuve ocasión de preguntar a Keino por la colina que le había hecho campeón. Ni él ni sus compañeros de fatigas habían tenido otra opción que nombrarla así. Un miembro del gobierno keniano les visitó antes de partir hacía México. Dejó el coche en la ladera y quiso subir andando por el circuito en el que los olímpicos corrían. Antes de llegar a la cima colapsó y agonizó hasta fallecer.