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La clave

El President de la Generalitat, Quim Torra saliendo del pleno en el Parlament.

ALBERT BERTRAN

Inercia

Olga Grau

Si Catalunya no cuenta con un Govern que gobierne en el presente, difícilmente tendrá futuro. Solo pasado y mientras dure la inercia

La inercia del pasado se mantiene durante un tiempo, pero no indefinidamente. Cuando se deja de aplicar presión, la desaceleración viene sola, hasta que al final sobreviene un parón absoluto. Catalunya es hoy un país que vive del pasado. De las cosas que se gestionaron bien cuando había ambición, visión de largo plazo y una estrategia clara de futuro. Un ejemplo claro es el del Parc Científic de Barcelona, fundado hace ahora 20 años, y pionero en su día en biotecnología en España.

Abandono por parte de los poderes políticos

Es revelador cómo las infraestructuras bien ejecutadas perduran a las crisis y alimentan la atracción de empresas. La red científica y sanitaria de Catalunya, reconocida en al ámbito internacional, también es fruto de una planificación, visión y ejecución del pasado. Lo mismo podemos decir de muchas otras infraestructuras claves en la economía catalana como Fira de Barcelona, ahora, por cierto, con su renovación paralizada por la crisis política catalana.

Catalunya no sería hoy lo que es sin el impulso de los sectores público y privado. Pero esa dinámica que era la norma, ya hace mucho tiempo que se ha abandonado por parte de los poderes políticos. Los diez años de crisis económica han sido letales por el recorte de recursos e inversiones. Y los ideólogos del procés han concentrado todo los esfuerzos políticos en la consecución de una república imposible en el corto plazo, en vez de dirigirlos a recuperar el nivel económico previo a la crisis y en pensar en los retos del futuro.

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La disrupción tecnológica generará grandes bolsas de desempleo, el problema migratorio tensionará la sociedad del bienestar tal y como la conocemos, y la competencia de las nuevas potencias emergentes como China y la India será más agresiva de lo que hemos conocido hasta ahora. Los retos son globales, pero los efectos serán locales.

Es cierto que los políticos no disponen de todos los instrumentos para gestionar los conflictos que afrontan, pero culpar siempre a los demás en vez de ponerse a trabajar es la receta que define a los populismos. Si Catalunya no cuenta con un Govern que gobierne en el presente, difícilmente tendrá futuro. Solo pasado y mientras dure la inercia.