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Editorial

La rebaja en las tarifas de transporte de la AMB

El cambio que se plantea para 18 municipios metropolitanos es una medida beneficiosa para limitar el uso del vehículo privado

Un usuario mira un mapa del metro de Barcelona.

Un usuario mira un mapa del metro de Barcelona. / ALBERT BERTRAN

El mayor uso del transporte público y la reducción del vehículo privado es un objetivo que se plantean todas las grandes áreas metropolitanas. Uno de los caminos para conseguir este objetivo es la mejora de la red y una oferta de tarifas que atraiga usuarios. La posibilidad de que, a partir del 1 de enero del 2019, los vecinos de 18 de los 36 municipios metropolitanos del área de Barcelona vayan a tener una rebaja de precios es positiva de salida. Todos pasarán, si se aprueba la reforma tarifaria, a pagar por la tarjeta T-10 que hoy tiene un coste para ellos de 20,10 euros bajaría a la mitad, 10,20. Seguirán en la misma corona, la zona 2 de la red de transporte metropolitano, pero con unas tarifas propias de la primera. 

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Si el plenario de la AMB, el próximo día 16, y después la Autoritat Metropolitana del Transport ratifican la medida, significará por lo tanto un beneficio para las familias trabajadoras, los mayores usuarios del transporte público. Pero los organismos y administraciones implicadas deben explicar con todo detalle cómo afectará la rebaja a las cuentas de la red metropolitana de transporte. Es obvio que se hará inevitable una mayor presión impositiva, que repercutiría en el IBI, para los propios habitantes de esos municipios que se beneficiarán de la medida. Pero el objetivo de reducir los conocidos efectos de la contaminación que provoca el tráfico privado y la consiguiente apuesta por el uso del transporte público es algo prioritario.