Ir a contenido

Análisis

Manifestación de Adicae contra las cláusuas abusivas en las hipotecas.

Las sentencias por cláusulas hipotecarias abusivas

Jordi Alberich

El capitalismo, ese sistema que bien conducido es el mayor generador de riqueza, debe recuperar legitimidad perdida

Hace pocos días, El Periódico informaba de que, según datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el 97,3% de las sentencias notificadas por los juzgados especializados en cláusulas abusivas hipotecarias resultan favorables al cliente. Hasta la fecha, se han dictado más de 40.000 sentencias.

La cuestión arranca de una sentencia de la justicia europea que supuso un golpe inesperado para la banca, y un aviso de las graves carencias de una ley hipotecaria que viene de 1861 y que no responde, ni en su origen ni en sus posteriores ajustes, a las exigencias de una práctica que regula el acceso a la vivienda de millones de familias. Se entiende la sorpresa de la banca pero, en cualquier caso, la realidad es que, en determinados supuestos, debe retornar parte de los intereses percibidos de sus clientes hipotecarios.

Cuando el número de sentencias supera las 40.000, y su práctica totalidad es a favor de una de las partes, algo sucede. Un dato que solo puedo entender si se da alguno de los siguientes supuestos. En primer lugar, que  los equipos jurídicos de la parte condenada, las entidades financieras, son muy incapaces. No es en absoluto el caso y, además, la base jurídica de la cuestión es muy sencilla.

En segundo, los jueces deciden apoyar al más débil, llevando al límite su interpretación de la legalidad. Tampoco es el caso. Finalmente, la banca quiere ganar tiempo y dificultar las reclamaciones de sus clientes. Creo que esta es la explicación. 

El sistema financiero ha tenido un papel muy relevante en la crisis que venimos padeciendo. Y la percepción ciudadana es que sus usos y abusos, especialmente de algunas entidades ya desaparecidas, han sido responsables directos del desastre. Por ello, resulta fundamental que recupere reconocimiento social y, aún entendiendo su malestar y la compleja situación por la que atraviesa la banca tradicional, no puede tolerar esa imagen que proyecta cuando pierde la casi totalidad de sus pleitos.

A menudo, ante un conflicto mercantil, una de las partes, aún a sabiendas de que la legalidad no le acompaña, viene a decir: “muy bien, pleitea, tienes para años”. A la banca no le corresponde esta actitud, y menos aún en demandas que le enfrenta a familias, que acudieron a la hipoteca para acceder a su vivienda, y no a especuladores inmobiliarios. Sin duda, no todas las entidades financieras actúan de igual manera, pues algunas muestran una gran capacidad por alcanzar acuerdos amistosos, como ya sucedía con las ejecuciones hipotecarias. Pero los datos que nos ocupan dañan a todo el sector.

Creer que hemos superado la crisis constituye un enorme error de apreciación, pues no basta con recuperar actividad económica. Más allá de las cifras, esta última década nos deja un malestar muy arraigado en el seno de las sociedades occidentales. El capitalismo, ese sistema que bien conducido es el mayor  generador de riqueza, debe recuperar legitimidad perdida. No es nada sencillo, y aún menos con datos como los que aporta el CGPJ.