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LA ERA DEL FEMINISMO

Maria Aurèlia Capmany, en 1976.

Amenaza de sedición

Jenn Díaz

Lo que siempre hemos entendido como el problema de la mujer es, hoy en día, gracias al feminismo del siglo XXI, un problema esencialmente del hombre

"Una mujer capaz de sentir placer puede convertirse en rebelde, puede traicionar a su dueño y señor, puede buscar lejos del lecho conyugal este placer, puede burlar el dominio del varón y darle una descendencia ilegítima para escarnio y estafa de la sacrosanta ley de la herencia".

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Sí, la lucha del feminismo es el mayor caso de sedición que hemos vivido, aunque no hayamos querido entenderlo así. Nos hemos separado del hombre, aunque hayamos nacido —según la Biblia— de él; nos hemos separado de la idea de mujer del hombre: hemos conseguido —aún queda— dejar de medirnos según los cánones del autoconsumo sexual del hombre hetero, y hemos abarcado nuevos caminos más allá de la virginidad y la maternidad; nos hemos alineado con nosotras mismas y hemos rechazado lo que la herencia del sistema nos ha querido inocular desde que nacimos. Las mujeres somos las mayores sediciosas de la historia, unas auténticas separatistas. Este es el poderoso mensaje de la edición que Blanca Llum Vidal ha hecho a partir de textos de Maria Aurèlia Capmany. La cita del inicio pertenece a un texto cuyo título es 'Carta abierta al macho ibérico'. Es de 1973, pero todavía, como se ha dicho repetidamente, tiene vigencia.

Toca repartir los privilegios

Si después de tanto tiempo el problema de la mujer no se ha resuelto es sencillamente porque solo afecta a la mujer, pero no sólo por eso: lo que siempre hemos entendido como el problema de la mujer es, hoy en día, gracias al feminismo del siglo XXI, un problema esencialmente del hombre: sí, del hombre que ve peligrar su silla, su trona, su cuota de poder, su voz pública, su permanencia. El problema de la mujer ya no es nuestro, sino de aquellos hombres que se han negado a cambiar este sistema patriarcal que los ha beneficiado y les ha ofrecido en bandeja unos privilegios que, queridos amigos, ahora va a tocar repartir. Los textos de Capmany no han pasado de moda, pero conseguiremos que así sea.