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Turistas salen de un hotel de Barcelona.

RICARD CUGAT

Los récords no son lo más importante

Josep-Francesc Valls

Desde 1960, poquísimos veranos han dejado de superar en la costa española el número de turistas del anterior. Incluso a raíz de los descalabros de la crisis del 2008, tras dos duros años, en 2011 se restituyó la tendencia alcista. En todos los sectores aparecen temporadas buenas y malas; en el turismo, los clientes siempre crecían.  Nos habíamos acostumbrado. ¿Recuerdan la parafernalia ante la llegada de turistas, como aquella infausta canción de “¿El turista 1.999.999” de los Stop, o los ramitos de flores entregados a los turistas en la escalerilla del avión? Era la cultura de aumentar permanentemente los clientes para poblar las playas y monumentos sin tener en cuenta otros parámetros para que dejaran más divisas. Pues bien, ahora resulta que la noticia es que este agosto no se ha batido el record de turistas a España.

En primer lugar, hay que afirmar que la caída no ha sido tan pronunciada, ni mucho menos. Resulta lógico que los líderes de cada mercado crezcan menos que sus competidores o que reduzcan su cuota de mercado a medida que se amplía la tarta. A pesar de que, en el mes más visitado, agosto, se haya reducido cerca del 2% de turistas -igual que el conjunto de los meses de junio, julio y agosto-, acabaremos el año con un número similar de turistas que el año anterior, o en el peor de los casos, un 0,4% por debajo del año anterior.

Y en segundo lugar, existe otra razón más profunda que compete al modelo de negocio. Basar la economía turística en aumentar demanda para hacer lo propio con la oferta –inmobiliario, espacio litoral y espacio urbano, sobre todo- cuando el territorio es limitado, frágil y de gasto medioambiental excesivo conduce a una rentabilidad decreciente. Tal se constata en los problemas que empiezan a aparecer en numerosos centros turísticos relativos a la convivencia entre habitantes y turistas, y la turismofibia generada. Tal se constata en los costes medioambientales que se cargan sobre las espaldas de todos, incluso que no participen en el negocio turístico. Y tal se constata en los salarios, que son los más bajos de España. Es aquí donde nos podemos preguntar por la rentabilidad global de este modelo turístico.

Sin embargo, llevamos unos años incrementando los ingresos medios por turista. Sin ir más lejos, este agosto ha superado al anterior en un 1,8%. Los ingresos globales pueden alcanzar a finales del año un crecimiento del 3% a finales de año. Los turistas gastan más si se les ofrece mejor calidad y las mejores experiencias actuales lo demuestran con creces. Como dice la balear Secretaria de Estado de Turismo de España, Isabel Oliver, hay que enfocarse hacia un “modelo turístico de calidad más que de cantidad y ese debe ser el indicador de nuestra fortaleza”. Además, se disparan los viajes de los europeos entre 4-7 noches, los cuales facilitan la desestacionalización.

Es decir, pasar de que venga todo el mundo- a seleccionar mercados y clientes que valoren lo que se ofrece pagando lo que vale realmente el servicio, que es superior a lo que en muchos casos hacemos pagar. Cabe, cómo no, el turismo masivo. Para cantidad y precios mucho más baratos ya están los competidores que reaccionan Turquía, Egipto, Grecia, Túnez.

Temas: Turismo