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La batalla de Barcelona

Manuel Valls y sus críticos

LEONARD BEARD

Manuel Valls y sus críticos

José A. Sorolla

El candidato debe distanciarse aún más de Ciutadans si quiere alcanzar la alcaldía

Con solo un discurso, Manuel Valls ha demostrado que es más inteligente que la mayoría de sus críticos. Muchos de ellos, por cierto, son los mismos que se ufanaban de que un catalán fuera primer ministro de Francia. El provincianismo siempre es de doble dirección: se puede ser provinciano jactándose de que Valls hubiera triunfado en la política francesa y se puede serlo también pensando que por eso ahora va a solucionar todos los problemas de Barcelona.

Los principales ataques

Pero repasemos los argumentos de los críticos políticos y mediáticos del nuevo candidato a la alcaldía de Barcelona para ver si sus opiniones tienen base real o son simplemente armas demagógicas y electoralistas.

¿Un fracasado? El reproche más común a Valls es que es un fracasado político en Francia y que por esa razón viene a Barcelona. Si no haber llegado a presidente de la República, cargo al que sin duda aspiraba, es un fracaso, pues será un fracasado. Pero como decenas de políticos franceses que se han presentado a la elección presidencial antes de que existieran las primarias en los partidos y que se han quedado en el camino. Esta circunstancia se produce particularmente si el aspirante ha sido primer ministro, el primer fusible que se funde en una República tan presidencialista como la Quinta, instaurada por el general Charles de Gaulle en 1958. La lista de primeros ministros que han fracasado en su intento de ser presidentes es larga: a modo de ejemplo, se puede citar a Raymond Barre con Valéry Giscard d’Estaing en el Elíseo; Pierre MauroyMichel RocardLaurent FabiusEdith Cresson y Lionel Jospin en la etapa de François Mitterrand; Édouard BalladurAlain JuppéDominique de Villepin y François Fillon en las presidencias de Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy, entre otros. En realidad, solo hay dos excepciones de primeros ministros que fueron después presidentesGeorge Pompidou y Chirac. De modo que calificar  de fracasado a un político como Valls, nacido fuera de Francia y naturalizado francés a los 20 años, que ha sido concejal, alcalde, diputado, ministro y primer ministro, es una afirmación como mínimo temeraria.

Un socialdemócrata o social-liberal

¿Derechista? Valls siempre ha sido un socialdemócrata o un social-liberal. De los que consideran, eso sí, que es un error de la izquierda inhibirse en los temas en los que mejor se desenvuelve la derecha, como el orden público, la seguridad o la inmigración. Pero es incierto que Valls haya ligado inseguridad e inmigración, aunque haya protagonizado incidentes reprochables como la expulsión de la joven kosovar Leonarda Dibrani en el 2013, cuando era ministro del Interior, o haya utilizado la autoridad para desmantelar campamentos de gitanos. Tampoco es cierto que durante su ejercicio como titular de Interior o como primer ministro se aproximase a los planteamientos de la extrema derecha. Sus sonoras polémicas con Marine Le Pen lo atestiguan.

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¿Desconoce Barcelona? Es posible, aunque, a juzgar por el contenido de su discurso de presentación, ha hecho los deberes. Su diagnóstico de los problemas de la ciudad es bastante ajustado a la realidad y constituye  una impugnación de la política de Ada Colau. En su discurso del martes, en otro rasgo de inteligencia, Valls habló más de los problemas de Barcelona que del 'procés', se mostró más inclusivo que beligerante con el soberanismo y menos antinacionalista de lo que pronosticaban sus críticos. Denunció la decadencia de Barcelona en los 'rankings' internacionales, su "dinámica perdedora" , el fracaso de la política de vivienda, la "criminalización" del turismo, la inseguridad, el incivismo y la "mala gestión del espacio público", en la que incluyó los narcopisos y el 'top manta'. Pero no describió una ciudad de "caos y desorden", como ha replicado Colau.

La principal dificultad con que se encuentra Valls para alcanzar su sueño de gobernar Barcelona, de iniciar "una nueva vida", no es tanto que pueda ser visto como el candidato de las élites, como le llama la alcaldesa, sino su excesiva cercanía a Ciutadans. Si quiere construir un proyecto "integrador", muy necesario, Valls debe despegarse aún más de Cs de lo que lo ha hecho ya. Y a esa imagen no ayudan ni que el partido de Albert Rivera no presente candidato ni los intentos del aspirante socialista, Jaume Collboni, de empujar a Valls hacia la derecha acusándole de engañar con sus veleidades progresistas. Ahí se va a jugar seguramente el futuro de la candidatura, porque otra duda, la de si se va a quedar si pierde, Valls ya la ha resuelto desde el principio asegurando que seguirá en Barcelona "pase lo que pase".