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ANÁLISIS

Los jugadores del Madrid lanzan al aire a su entrenador, Zinedine Zidane, tras ganar la Champions 2018.

La obsesión Champions

Axel Torres

Bajar unos peldaños tu tensión competitiva en Butarque no te garantiza ser capaz de reaccionar en Roma

El miércoles en Butarque me pareció estar viendo al Real Madrid en Girona. Concretamente, el partido del año pasado en el que el entonces equipo de Machín le remontó al entonces equipo de Zidane. Todo siguió el mismo guión: el gigante se adelanta, es muy superior, parece que ganará por goleada; no le entra el segundo por poco pero no se preocupa (total, ya acabará entrando…); llega al descanso con una ventaja mínima pero no sufre en absoluto por el resultado; le remontan en un corto espacio de tiempo y pasa de ir ganando a ir perdiendo sin haber sido consciente de haber estado empatando en ningún momento; decide ponerse el mono de trabajo pero sin demasiadas prisas (total, le dará la vuelta, porque ya se vio al principio que era muy superior…); ahora que quiere le cuesta un poco más de la cuenta, tiene alguna ocasión clara pero no le entra; el tiempo se va agotando y todo es muy pesado y extraño (¿qué hace esta gente celebrando como si fuera la final de la Champions?); el árbitro pita y, sin saber muy bien cómo, ha perdido donde nadie pensaba que podía perder.

El Real Madrid perdió así una Liga. Rozó el ridículo en el torneo de la regularidad, y, sin embargo, acabó el curso como campeón de Europa por tercera vez consecutiva. Copa todos los premios individuales y sus jugadores están en las mejores galas. Fuera de España, nadie parecer acordarse de su Liga espantosa.

Desolación madridista tras ser eliminados de la Copa 2018 por el Leganés / EFE

En Europa y en el mundo, daría la sensación de que sólo importa la Champions. Y lo peor de todo: como esto es lo que percibimos, nos lo empezamos a creer todos. Y así lo escribimos, así lo transmitimos, así lo interiorizamos. Que a nadie le extrañe, entonces, que a los jugadores les cueste motivarse en Butarque o en Montilivi.

Son profesionales y cobran mucho dinero y todo lo que queramos, pero se pasan la vida escuchando que lo que importa de verdad es la Champions. Y los jugadores del Barcelona han sufrido en sus propias carnes lo que significa firmar una Liga fantástica y prácticamente inmaculada y que no se le dé casi ninguna importancia. Es humano y es comprensible y es casi inevitable que el año siguiente pienses: ¿tanto esfuerzo para qué, si todo se juzga en función de la Champions?

Pero un aviso para navegantes: ganar la Champions no es tan fácil. No es algo que se elige, que se decide priorizar y te la llevas ya solo porque la has antepuesto a todo lo demás. Hay cinco o seis clubes europeos que comparten la misma obsesión. Y sólo la va a poder ganar uno.

Extraordinario también por raro

Lo que ha logrado el Real Madrid es extraordinario –en el sentido de muy difícil y muy meritorio, pero también en el sentido de muy raro-. Bajar unos cuantos peldaños tu tensión competitiva en Butarque no te garantiza, para nada, ser capaz de reaccionar en Roma. Lo único que te garantiza es perder puntos en la Liga, porque el Barça y el Madrid serán muy buenos y tendrán a los mejores jugadores del mundo, pero no tanto, en un campeonato repleto de rivales competitivos y competentes, como para ganar cada semana pensando en otra cosa.