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El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont y el ’president’, Quim Torra, el pasado agosto, en Waterloo.

EFE / STEPHANIE LECOCQ

Mil dudas y una aclaración: son 10 euros

Olga Ruiz

Es posible que el entorno del 'expresident' Carles Puigdemont sea cada vez más reducido, que las dudas sobre su mensaje -en fondo y forma- estén causando un cierto hastío entre los suyos. Es probable también, que exista un debate casi clandestino sobre el protagonismo que debe o no tener en el nuevo procesismo. Pero estas dudas no se exponen abiertamente, ni se manifiestan en voz alta. El discurso privado y el público poco o nada tienen que ver en la órbita política independentista. En público, nadie osa discrepar de todo aquello que haga o diga Puigdemont, a no ser que el o la valiente, tenga voluntad de acabar como el PDECat: con la amenaza latente de ser fagocitado por su hermano pequeño.

En enero el 'expresident' Artur Mas hacía público su deseo de unión entre las dos marcas hermanas (PDECat y JxCat), soñaba con una fusión que perdurara en el tiempo. No ha pasado ni un año pero al parecer no le van a hacer demasiado caso. Jueves negro para Mas y para el PDECat, aunque en público, una vez más podemos esperar cualquier cosa. El PDECat, en este intento desesperado de aparentar una sintonía inexistente, hasta ha hecho un llamamiento a sus asociados para que se inscriban en el nuevo movimiento. Un suicidio político en toda regla.

Pero de la misma forma que existe una duda insistente sobre los apoyos reales de Puigdemont, con independencia del número, sus fieles le siguen guardando fe, en algunos casos ciega. Este jueves lo han vuelto a demostrar en el MACBA, lugar en el que casi nos aclaran lo que pretende ser la Crida Nacional per la República, más allá de su rimbombante nombre. Insisto en el casi porque lo que ha pasado en esa presentación es que no ha pasado nada, nada clarificador por lo menos. Los que pretendíamos despejar dudas, nos hemos quedado con las mismas y, de paso, con todo el humo que se han empeñado en vendernos los allí presentes, física o virtualmente. ¿Es La Crida un espacio de reflexión, una asociación, un partido político? Lo decidirán sus adheridos, o de eso han querido convencernos apelando a nuestra ingenuidad. Tampoco podemos decir que hoy haya nacido ¿para qué venir a este mundo un insípido 27 de septiembre pudiendo hacerlo un 27 de octubre, aniversario de la casi declaración de independencia?

Todavía otra cuestión clave en el aire a la que casi nos responden, ¿Se presentará la Crida a las próximas elecciones municipales y europeas? No lo sabemos, aunque el propio Ferran Mascarell (el casi candidato en las municipales), deje entrever que solo si existe unidad independentista. La traducción menos ornamental vendría a ser: si neutralizan a las otras marcas políticas, si se las comen.

Este jueves con un estilo marca de la casa , casi nos quedan algunas cosas claras, más allá de la fanfarria y el simbolismo habitual. Eso sí, hay aspectos en los que no cabe metáfora ni interpretación alguna: si los casi 50.000 simpatizantes quieren tener derecho a decidir y participar en el congreso fundacional deben pagar diez euros. Las cuestiones pecuniarias mejor dejarlas claras desde el principio.