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Editorial

Una prioridad de Estado

Con el corredor mediterráneo, la sociedad civil organizada ha dado una lección de cómo se puede construir el interés general defendiendo intereses sectoriales

El ministro Ábalos, con barba y corbata azul claro, a su llegada al Gran Encuentro por el Corredor Mediterráneo.

El ministro Ábalos, con barba y corbata azul claro, a su llegada al Gran Encuentro por el Corredor Mediterráneo. / Jordi Cotrina

Desde hace cuatro años, la Asociación de Empresarios Valencianos reivindica la construcción del llamado corredor mediterráneo, una línea férrea que debe unir Algeciras con la frontera francesa pasando por Murcia, la Comunidad Valenciana y Catalunya. Este lobi ha tomado el relevo al trabajo que había hecho en este tema el empresariado catalán y los gobiernos constitucionalistas de la Generalitat. El proyecto del corredor mediterráneo es vital para las mercancías y para las personas. La circulación de camiones por esa ruta inaugurada en los años 60 por la actual autopista AP-7 será insostenible en la Europa que lucha contra el cambio climático. El simple mantenimiento de la competitividad de los territorios más industriales y exportadores del Estado aconsejaba desde hace años la construcción de esta vía férrea. Pero diversas argucias políticas e intereses electoralistas no lo han convertido en una prioridad del Estado. Si el inicio de la alta velocidad en la línea Madrid-Sevilla podía tener sentido desde el punto de vista del reequilibrio territorial, la red radial del AVE para unir a todas capitales de provincia que promovieron José María Aznar y Francisco Álvarez-Cascos no tenía sentido. Y aún menos unir Algeciras con Francia pasando por Madrid.

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El ministro José Luis Ábalos aprovechó este jueves su presencia en el foro de empresarios reunidos en el Palau de Congressos de Catalunya para anunciar que el proyecto de alta velocidad del corredor mediterráneo no solo se ha desbloqueado, sino que se ha acelerado y podría estar en funcionamiento en el 2021, tres años antes de la última previsión. Es una buena noticia que lo sería aún más si este fuera un compromiso de Estado y no solo del Gobierno, puesto que esto dejaría a un proyecto estructural al margen del debate político cortoplacista. Una vez más, la sociedad civil organizada, en este caso los empresarios, ha dado una lección de cómo se puede construir el interés general defendiendo intereses sectoriales. Pero lo más probable es que en los próximos días algún partido de la oposición o algún barón despechado se lance a la yugular de Ábalos por este anuncio al grito de que está privilegiando a su tierra natal o a los catalanes. Mientras no se rompa esta dinámica, España seguirá siendo un país que vive en el permanente bloqueo de los asuntos importantes, acuciado por debates que parecen urgentes pero son muy banales.