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desafío europeo

El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, durante el último día de la Conferencia Anual del Partido Laborista en Liverpool.

EFE / WILL OLIVER

El arriesgado órdago laborista

Carlos Carnicero Urabayen

Puede que haya llegado la hora de Jeremy Corbyn, un carismático euroescéptico empujado por las europeístas bases del laborismo a abandonar su calculada ambigüedad sobre la gran cuestión que divide a su país

El tiempo se agota. La fecha de salida está a la vuelta de la esquina (30 de marzo de 2019). Pasados más de dos años desde del referéndum del 'brexit', sabemos más o menos lo mismo que entonces: que los británicos se van del club en el que entraron en 1973, pero no si rompen del todo, si seguirán a medias en el entorno de la UE o si se marcharán con un portazo, sin acuerdo, lo que sería catastrófico para británicos y europeos.

En momentos de máxima tensión política, estando casi todo en juego, es cuando un gran líder puede dar cuenta de sus habilidades para cambiar el curso de la historia. Puede que haya llegado la hora de Jeremy Corbyn, un carismático euroescéptico empujado por las europeístas bases del laborismo a abandonar su calculada ambigüedad sobre la gran cuestión que divide a su país.

La posición laborista tras su congreso celebrado en Liverpool es la siguiente: si el acuerdo con Bruselas no se traduce en “exactamente los mismos beneficios” que la pertenencia al mercado único y la unión aduanera (un 'brexit' muy blando), los laboristas votarán en contra del acuerdo, lo que haría muy difícil su aprobación. Después exigirán que Theresa May convoque elecciones y si no lo hace no descartan “otras opciones”; una referencia sutil al espinoso tema de celebrar un nuevo referéndum.

Delgada línea

Cuando todo está en juego, una delgada línea separa la audacia de la catástrofe. La maniobra laborista ha alertado -todavía más- a los negociadores europeos. La posibilidad de una salida abrupta -si el acuerdo es rechazado por Westminster y no hay tiempo para negociar una alternativa- gana puntos. Si sale mal, el órdago de Corbyn, lejos de evitar el 'brexit' o ablandarlo, propiciaría su versión más extrema, aunque a Corbyn quizás no le preocupe tanto si este caos le lleva hasta el número 10 de Downing Street, la residencia oficial de los primeros ministros.

La pelota está en el tejado de May. Su casa está en llamas. El congreso que los 'tories' celebrarán en Birmingham tendrá lugar tras la reciente “humillación” -la palabra más repetida- que la primera ministra sufrió en Salzburgo, cuando su plan de salida fue rechazado al unísono por los 27 líderes europeos. En realidad fue un choque de realidad: la posición europea sigue siendo la misma. Bruselas no aceptará una salida a la carta para los británicos que pueda lanzar una peligrosa señal: se puede estar mejor fuera que dentro.

Tras el fiasco de Salzburgo y el órdago de Corbyn, sería deseable que los 'tories' -algunos están en ello- adoptaran una estrategia de 'brexit' blando al estilo noruego, es decir, manteniendo al Reino Unido en el mercado único. Ello eliminaría el problema de la frontera, el más sensible de todos los obstáculos del' brexit', puesto que amenaza los acuerdos de paz en Irlanda del Norte. Eso sí, obligaría a algunos líderes a retratarse, a explicar a sus electores que les engañaron: prometieron milagros baratos e indoloros.