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El chat de los jueces

Un grupo de jueces.

¿A quién beneficia la filtración?

Jordi Puntí

No se puede descartar que alguien quisiera aislar a esos jueces -una treintena, se calcula-, o más bien desmarcarlos del conjunto de profesionales del poder judicial

Estaba leyendo los mensajes de varios jueces en esa especie de Forocoches con toga, filtrados hace unos días, y me vino a la cabeza ese latinajo que solo sueltan algunos tertulianos y los asiduos a los juzgados: 'cui prodest'? ¿A quién beneficia la filtración? Nada más saberse, el independentismo puso el grito en el cielo y exigió responsabilidades, pero lo cierto es que las invectivas y aspavientos de esos jueces no eran de hecho ninguna novedad, ni siquiera la coincidencia en un campo semántico —golpistas, virus del odio, germen nacionalista, viva el Rey— que es también el de PP y Ciudadanos.

¿A quien más podía beneficiar, pues, la filtración? No se puede descartar que alguien quisiera aislar a esos jueces —una treintena, se calcula—, o más bien desmarcarlos del conjunto de profesionales del poder judicial. Y quizá no es del todo casual que entre los mensajes filtrados haya los reproches a la Asociación de Juezas y Jueces para la Democracia, por haber cuestionado a la jueza Lamela por extralimitarse con la prisión preventiva, o a la asociación Ágora Judicial por sus propuestas progresistas de reforma de la ley.

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La defensa del Estado de derecho en España se refiere a menudo de la separación de poderes y la independencia judicial, pero las diversas asociaciones deberán esforzarse más para contrarrestar el descrédito continuado y la pérdida de confianza en la justicia, sobre todo cuando desde Europa les han enmendado la plana repetidamente. Estos días, por ejemplo, no se explica que el Supremo elija al juez Llarena para llevar la querella contra el TC y el Gobierno de Rajoy para impedir la investidura de Puigdemont. O que incluso la misma fiscalía del Supremo se oponga a investigar el caso del máster de Pablo Casado (aunque al final lo habría juzgado un tribunal que incluía, ¿quién si no?, al juez Llarena). Se intuye que esta endogamia es antinatural y protege un sistema carcomido desde hace décadas, y los primeros que deberían remangarse son los jueces —los otros jueces.