Ir a contenido

ANÁLISIS

Manuel Valls, con un panot de telón de fondo que probablemente le acompañará toda la campaña.

FERRAN NADEU

Waterloo, capital Barcelona

Luis Mauri

Puigdemont tiene un sueño, conquistar la alcaldía de la capital catalana. Maragall, candidato de ERC, puede trocarlo en pesadilla

El movimiento de los electrones Valls y Maragall ha abatido un campo magnético sobre los cuarteles políticos en Barcelona. Crujen las estructuras, trepidan las paredes, se desbaratan los cálculos previos sobre la batalla por la alcaldía. Las fuerzas electromagnéticas ya se han cobrado la primera víctima, Bosch. No será la última, probablemente.

Puigdemont tiene un sueño: Waterloo, capital Barcelona. Pero Maragall, como alcaldable de ERC, puede trocarlo en pesadilla. Puigdemont planeaba forzar en torno a Mascarell una lista independentista única en Barcelona. Munté, la candidata oficial del PDECat, no sería obstáculo pese a estar avalada por unas primarias internas. También lo estaba Bosch en ERC. El valor de las primarias tiende a cero en esta campaña.

La baza de Mascarell se diluye tras la irrupción de Maragall. El perspicaz movimiento de ERC tiene tres efectos nítidos. Uno, exorciza el conjuro de la lista independentista única, a menos que Puigdemont accediese a armarla bajo el liderazgo de Maragall y de ERC, posibilidad que se antoja matemáticamente despreciable.

Dos advenedizos

Dos, deja a Mascarell sin terreno de juego. ¿Cómo habría de singularizarse Mascarell en relación a Maragall? Ninguno de los dos son indepes pata negra, sino advenedizos, pero Maragall es conseller del Govern de Torra. Mascarell fue concejal y conseller de Pasqual Maragallla marca icónica por la que todos los contendientes suspiran hoy, incluso los que le denigraban en un pasado no tan lejano. Ernest fue lo mismo, además de hermano y confidente en mil escaramuzas.

Y tres, el relevo de Bosch por Maragall desbroza el camino hacia un pacto poselectoral entre ERC y Colau. Lo cual supone un problema añadido para Puigdemont. La de Barcelona es una batalla fundamental en la larga guerra por la hegemonía en el campo nacionalista.

Cazador cazado

El rechazo de PSC y PP a Valls deja a este con el único apoyo orgánico de Cs. De su elitista ronda veraniega, Valls ha extraído la conclusión de que no le conviene aparecer como el candidato de Cs. Ni siquiera por los derechos electorales del partido de Rivera. A poco que le haya ido bien el cepillo entre la burguesía capitalina, no le harán falta. Rivera creyó haber cazado a Valls, pero puede que sea él quien acabe en el zurrón del exprimer ministro francés. Después de tanto bombo y platillo, y sin alternativa de peso, Rivera no podría, ni aún queriendo, corregir el tiro.

Collboni también se le achica el terreno. Un exsocialista francés y un Maragall exsocialista le disputarán seriamente el espacio. Sectores del PSC suspiran por un cambio de candidato, pero para eso necesitarían un mirlo blanco que no encuentran. El efecto Sánchez, de magnitud incierta en mayo próximo, no parece suficiente para compensar el desequilibrio.

A Colau, que llega erosionada por múltiples problemas ciudadanos (vivienda, narcopisos, impacto del turismo intensivo, repunte de la inseguridad…), la dicotomía identitaria entre Valls y Maragall puede dejarle campo libre para centrarse en el debate ciudadano. Si lograra acercarse al resultado del 2015, dispondría de una baza poselectoral: no le faltarían posibles aliados.