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Apoteosis de la posverdad y mediación internacional

Insistir en la dialéctica del choque solo puede servir para fidelizar a los incondicionales

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Pablo Casado preside una reunión del comité de dirección del PP

Pablo Casado preside una reunión del comité de dirección del PP / EFE / TAREK

Entrevistado por una emisora radiofónica de ámbito estatal, Pablo Casado se ha despachado a gusto afirmando que no se puede dialogar con el soberanismo catalán “con una pistola encima de la mesa”. Literalmente. La cara de incredulidad del entrevistador, poco sospechoso de simpatizante independentista, era todo un poema. La afirmación es repugnante: demuestra un nivel de inteligencia imperceptible, un registro ético lamentable y un respeto a la verdad nulo.

Casado se muestra como alumno aventajado de Donald Trump, inmerso en un ejercicio de pura apoteosis de la 'posverdad'. Pero, más allá de la valoración que se pueda hacer de este tipo de intervenciones, lo realmente significativo es lo que significa en términos políticos. Se trata, en definitiva, de una muestra más de la carrera entre Albert Rivera y Casado para ocupar el espacio del nacionalismo español más duro, esencialista y conservador. Carrera observada con complaciente mirada por el macho alfa de la derecha española: José María Aznar.

Pero podría ser que, abandonando la moderación, estén regalando a Pedro Sánchez la centralidad política española. Por más reservas que se puedan expresar sobre las encuestas, la última entrega del CIS marca esa tendencia. Aunque solo sea por el hecho de que la estrategia de la tensión parece haber encontrado su techo. Si eso fuera cierto, insistir en la dialéctica del choque solo puede servir para fidelizar a los incondicionales, pero no para ocupar el 'Main Street' de la política. En Madrid y en Barcelona.

Y, Barcelona será, precisamente, el espacio de máxima densidad política catalana en el próximo año. Por dos razones. En primer lugar, porque incomprensiblemente el 'president' Quim Torra renunció de entrada a liderar la política catalana desde la Generalitat. Y, en segundo lugar, porque en el nuevo orden mundial los centros urbanos globales como la Barcelona metropolitana cada vez son más relevantes. Las metrópolis globales ganan el peso que pierden los estados nacionales tradicionales.

Es un hecho que Ada Colau aún parece no haber entendido, pero que Manuel Valls y sobre todo Ernest Maragall tienen muy claro. Precisamente por eso, todo apunta a que la batalla central en las municipales del 2019 será entre Valls, el republicano francés reciclado en dinástico catalano-español, y Maragall, el soberanista republicano y de izquierdas procedente del socialismo catalanista.

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Mientras tanto, el espacio para el pensamiento mágico en el campo del soberanismo se va estrechando. En el libro escrito a partir de conversaciones con Olivier Mouton, el 'expresident' Carles Puigdemont afirma que la solución al contencioso entre Catalunya y España pasa por un diálogo tutelado por Europa y un nuevo referéndum.

Por eso mismo, no debe sorprender que haya un acuerdo entre ERC y JxCat para activar la vida del Parlament. Mientras las encuestas públicas y privadas auguren hegemonía electoral al PSOE en España y a ERC en Catalunya, nadie en Catalunya va a forzar elecciones. No antes de los juicios a los líderes independistas, ni antes de las municipales y las europeas.