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LA CLAVE

El país de los muertos vivientes

El país de los muertos vivientes

Luis Mauri

Que el 22% de la población esté en riesgo de pobreza significa que entre mis 20 amigos hay cuatro o cinco en puertas de la exclusión. Pero podemos ignorarlo y deambular tras el señuelo que nos pongan por delante

Si la desvergüenza fuera venenosa, habría amplias parcelas políticas y mediáticas del país desérticas. Un erial apocalíptico como el de The walking dead.

Las tribunas y las tertulias llevan semanas hipnotizadas por el escándalo de los másteres fraudulentos. El asunto tiene importancia, por supuesto. No tanto desde el punto de vista penal como por la revelación de una falta de ética incompatible con la ambición de administrar la cosa pública. En los másteres llevamos semanas anclados; en el cuento mágico del independentismo catalán, años ya.    

España Catalunya pueden definirse de muchas maneras. Nunca faltan juglares dispuestos a nublar la comprensión de la gente y a enlucir la efigie de quien les procura posición y sustento. Frente a los trileros del púlpito y de la pluma, los números pueden dibujar bien el estado de un país.

La pobreza

El 22% de la población, según el INE, se encuentra en riesgo de pobreza (13% en Catalunya), porcentaje que escala al 29% entre los niños de hasta 16 años y al 32,5% entre los jóvenes de entre 16 y 24. El 39% de la población (37% en Catalunya) es incapaz de hacer frente a gastos económicos imprevistos, y más del 10% (9,9% en Catalunya) se retrasa en el pago de la hipoteca, el alquiler o los suministros.

Casi el 20% está en paro (16% en Catalunya) y la mitad de los parados son de larga duración. El desempleo devora al 44% de los jóvenes de 16 a 24 años y el fracaso escolar raya el 20%. Las listas quirúrgicas de espera acumulan demoras de escándalo. En Catalunya, la tercera autonomía con más retraso, 160.000 personas aguardan al cirujano.

Europa, ante el abismo

Los números no son fríos. Que el 22% esté en riesgo de pobreza significa que entre mis 20 amigos hay cuatro o cinco que se hallan en esa situación. Y no es consuelo pasar lista y comprobar que ninguno de ellos es menesteroso. Mi cuota la satisfará otro ciudadano, quizás usted, que contará entre sus 20 amigos con entre ocho y diez golpeados por la pobreza.

Este es el país que tenemos, integrado en una Europa que corre ciega hacia las fauces del monstruo que engulló a sus abuelos. Pero podemos olvidarnos de todo esto y deambular encantados tras el señuelo que nos pongan por delante.