Editorial

Fondos buitre y el problema de la vivienda

Aun actuando en la legalidad, los fondos buitre han implantado una política deshumanizada en el sector inmobiliario que ha incrementado los desahucios y la dejadez y el anonimato en la gestión

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Fondos buitre y el problema de la vivienda

MATTIA INSOLERA

El fenómeno de la aparición de los llamados 'fondos buitre', aunque hay precedentes, sobre todo referidos a la compra de títulos de deuda de países en dificultades económicas, va estrechamente ligado en este país a la crisis financiera e inmobiliaria. Su estrategia puede explicarse sencillamente, aunque sus derivadas y su entramado legal son ciertamente complicados. Se trata de un mantra del capitalismo: entrar en el mercado para comprar a bajo precio y revender o administrar luego estos activos a un precio superior, a partir de la gestión de unos fondos de inversión de muy distintas procedencias. Es el caso de Blackstone, la empresa que ha llegado a convertirse, con unos 22.000 millones de euros de activo, en la primera inmobiliaria española.

Todo empezó en el 2013 con la adquisición de 1.800 viviendas de protección oficial al Ayuntamiento de Madrid, en época de Ana Botella, una operación inexplicable que sirvió para afianzar a la compañía, que emprendió nuevas compras, 'limpió' entidades bancarias con una gran cartera hipotecaria e inyectó liquidez a un sistema muy debilitado, hasta llegar a hacerse con el liderazgo del sector. Aun actuando en la legalidad, los fondos buitre han implantado una política deshumanizada que ha incrementado los desahucios y la dejadez y el anonimato en la gestión (ejemplos como las narcoviviendas del Raval son evidentes), y ha convertido a los ciudadanos en meros números contables. Conviene reflexionar sobre la responsabilidad de las administraciones en este caso y criticar la falta de vivienda pública, una cuestión lacerante que la preeminencia de los fondos buitre agrava.