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Dos miradas

Valls, en un acto en Barcelona en abril.

FERRAN NADEU

BCN y la 'grandeur'

Emma Riverola

El Maragall alcalde supo pactar con unos y otros sin arrodillarse ni renunciar a sus siglas socialistas. E hizo grande Barcelona

A juzgar por tantas voces que corean sus habilidades, Manuel Valls ha hecho bien los deberes. Seriedad, rigor, confianza (curioso para un político que deja en la estacada a su partido en horas bajas)… Añadamos una buena dosis de europeísmo al aroma de París y una ambición superlativa y tendremos el perfil de político por el que suspiran tantos. Los que buscan un líder no independentista desacomplejado que hace gala de catalanismo y no tiene un pasado enfangado en el ‘procés’. Los que creen que al actual equipo municipal le falta ‘grandeur’ (también de miras). Y los vecinos que sufren el deterioro grave de sus calles. Deterioro que ni es nuevo ni, probablemente, casual. Son demasiados los intereses que prefieren un ayuntamiento menos combativo contra la especulación. La torpeza de Colau al romper con el PSC, la arrogancia de no aprovechar suficientemente la experiencia de ICV y sus veleidades sobre la cuestión nacional han añadido debilidad a sus 11 concejales, pero no restan arrojo a sus intenciones.

Ahora que tantos pretenden arrogarse la herencia de Pasqual Maragall no está de más recordar que siempre fue un verso libre, que aborrecía el pensamiento único y que eso le valió numerosas campañas en su contra, incluida el ignominioso ‘borracho’ emanado de filas ‘convergents’. El Maragall alcalde supo pactar con unos y otros sin arrodillarse ni renunciar a sus siglas socialistas. E hizo grande Barcelona.