19 sep 2020

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Peccata minuta

Dos miembros del equipo artístico salieron a saludar con símbolos independentistas y provocaron el abucheo de algunos espectadores.

ATLAS VÍDEO

Fausto

Joan Ollé

Por lo que a mí respeta no estoy por el lazo amarillo, pero Dios y Mefistófeles me libren de meterme con aquellos que creen que el retal les sienta bien y favorece

Me largué el pasado lunes al extranjero con el sueldo de Lluís Pasqual, fundador y recién dimisionario director del Teatre Lliure en portada, y, huérfano allí de noticias, de regreso me encuentro con que los medios han cedido el protagonismo a Àlex Ollé -amiguetes, no familia-, también fundador y director de La Fura dels Baus. Esta vez el  lugar de los hechos no han sido despachos y salas de ensayo, sino el mismísmo tablado de la farsa del Teatro Real de Madrid,  con Fausto y Margarita en el escenario y Felipe y Letizia presidiendo desde su palco -real- la ficción. En ambos casos el arte escénico ha osado escapar de su ensimismada sección de espectáculos para encaramarse a las páginas políticas, republicanas, aquellas que etimológicamente nos conciernen a todos.

La noticia ya la conocen: después de una representación del 'Fausto', de Gounod,  dos colaboradores del grupo exvanguardista salieron a saludar con un lacito amarillo en la solapa, imagen que fue acogida por el respetable -pero no respetador- con gritos y abucheos de toda índole, incluido el apolillado “¡Viva el Rey!”. Las alarmas zarzuelianas se dispararon de inmediato,  y al cabo de poco ya teníamos a los directores del teatro y del espectáculo rindiendo pleitesía ante la pareja real, alegando que “no habían sido ellos”.

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Forma parte de las funciones del director de escena organizar el saludo final con el doble objetivo de coronar el pastel con su guinda para que así el público aplauda aún más, pero no la de opinar sobre la indumentaria que cada miembro del equipo invisible decida lucir en sus escasos  instantes de gloria. Gloria o infierno, ya que parece ser que si no se lanzaron huevos y tomates es porque las tiendas ya habían bajado sus persianas.

Por lo que a mí respeta no estoy por el lazo amarillo, pero Dios y Mefistófeles me libren de meterme con aquellos que creen que el retal les sienta bien y favorece. ¿Quién es más fanático: el que dice la misa o aquel que impide que esta sea dicha? Tal vez el craso error de los dos enlazados y extraordinarios escenógrafos catalanes fue la de, burlando la vieja creencia,  no tener en cuenta que, en teatro, el amarillo trae mala suerte, como así se demostró.

El nacimiento de La Fura dels Baus, a finales de los 70,  fue un grito de provocación, creatividad y desafío a las formas teatrales de la época en busca de la belleza del presente. Tal vez, como dijo aquel, cada generación debería redactar su ética y su estética. La casualidad ha querido que este sainete político haya tenido lugar a la sombra de Fausto, aquel paseador de perros monstruosos que pactó con el diablo -además de otras cosas imposibles- la eterna juventud. Y, naturalmente, fracasó en el intento.