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Municipales de BCN

Valls, en un acto de Societat Civil Catalana, en abril pasado.

FERRAN NADEU

El terremoto Valls

Jordi Mercader

La candidatura del exprimer ministro pondría a prueba la solidez del resto de adversarios a la alcaldía de Barcelona

Si se confirma definitivamente la candidatura, Manuel Valls será un adversario formidable para el resto de aspirantes a la alcaldía de Barcelona. Sin conocer su programa, tan solo fragmentos de sus muchas cenas y algunas entrevistas periodísticas, se puede aventurar que viene a disputar no solo la alcaldía sino también la 'herencia Maragall'. Y esto no es poco, es algo más que una victoria electoral, es una cierta manera de hacer política, un discurso catalanista y progresista, una sintonía privilegiada con el espíritu de la ciudad, una transformación urbana elogiada por el mundo y un prestigio  internacional indiscutible.

La 'Barcelona olímpica' en la batalla

La batalla se anuncia singular, con tintes nostálgicos. Lo que viene a reclamar Valls, también lo puede reivindicar Ada Colau, quien en estos años ha ido modificando su rechazo a todo aquello que significa 'la Barcelona olímpica'; por descontado que si Ferran Mascarell encabeza la Crida Nacional presentará sus credenciales maragallistas; Jaume Collboni no dejará pasar la oportunidad de recordar el protagonismo del PSC en los éxitos de aquellos años dorados y ya no digamos si, finalmente, ERC apuesta por Ernest Maragall.

La virtual candidatura del exprimer ministro francés nacido en Horta se intuye un terremoto para el resto de adversarios, para los ya designados y los que aspiran a serlo. Su nombre pondrá a prueba la solidez del resto de candidatos, la confianza real de sus partidos en ellos y la necesidad, probablemente, de revisar algunas estrategias. Tal vez en ERC se tambalee la seguridad en su victoria y se relativice la incomodidad de confraternizar con los seguidores de Carles Puigdemont y en Bruselas quizá asuman la conveniencia de aparcar el deseo de perjudicar a los republicanos, si de verdad suspiran por incorpora la capital de Catalunya a su frente municipal por la república. En el PSC, el sueño de la recuperación se poblará de nubarrones amenazadores.

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El exalcalde de Évry tiene su pasado como primer ministro de orden con sus salidas de tono inolvidables, una experiencia de gobierno indiscutible en la gran república europea y un pésimo balance electoral que le relegó a la condición de 'outsider' político, sin partido ni silla ministerial. Ideológicamente, está en las antípodas de Colau. Esto le podría venir bien a la alcaldesa, si los Comuns demuestran la fuerza exigible para protagonizar una confrontación directa con 'monsieur' Valls, extremo que está por ver.

Valls puede tener la sensación de que en Barcelona hay un segmento de gentes influyentes que sueñan con un alcalde como él, duro, reconocido, atrevido, después de algunos mandatos decepcionantes para el glamur de la ciudad. Y puede ser cierto; sin embargo, va a tener que presentarse en una plataforma cuyo principal soporte electoral será Ciudadanos, un partido que nada tuvo que ver justamente con aquella Barcelona. Sin duda, compensará este lastre incorporando a antiguos socialistas con currículo municipalista, una buena maniobra que podría alarmar a las gentes de Albert Rivera por tanta pérdida de protagonismo.