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ANÁLISIS

Gareth Bale, en la jornada 1 ante el Getafe.

Getty

Y de pronto, adiós a la coralidad

Sònia Gelmà

Ha bastado un partido sin puntería y que Cristiano marcara en Italia para que el Madrid redescubra que va a echar de menos al delantero de los 40 goles

Hay conceptos que aparecen un día y se instalan en nuestras columnas, nuestras tertulias deportivas, como si hubieran estado ahí toda la vida. Es el caso, por ejemplo, del fondo de armario, que se puso de moda hace un par de veranos. Sigue estando entre nosotros, aunque ahora con más prudencia. El barcelonismo mantiene la esperanza con Arthur, Lenglet y compañía, pero ya no es aquella euforia inocente de cuando llegaron Alcácer o André Gomes.

Esta temporada había causado furor una palabra que nos llegaba desde Madrid y contaba las maravillas del equipo de Lopetegui, un conjunto que sin Cristiano Ronaldo iba a potenciar las cualidades del conjunto, iba a ser más solidario, más unido y, aquí viene la novedad, más coral. Resulta sorprendente que ese concepto no estuviera integrado en el imaginario azulgrana. Si algo consiguió el Barça en su pasado más reciente fue la armonía entre sus piezas.

La alegría juventina de Cristiano Ronaldo / MARCO BERTORELLO (REUTERS)

En cualquier caso, el madridismo había encontrado un rincón en el que refugiarse y desde el cual ilusionarse. La coralidad triunfó en las tres primeras jornadas de Liga. Benzema parecía un goleador, Bale amenazaba con su potencia y velocidad, y Asensio completaba con desparpajo el nuevo tridente: la BBA. Porque se presumía que tampoco había tanta diferencia entre la primera y la tercera letra del abecedario.

El Roma y el PSV

Pero solo ha hecho falta un partido sin puntería y que Cristiano Ronaldo recuperara la suya en Italia para que de pronto vuelvan a descubrir que van a echar de menos a ese delantero que les metía 40 goles por temporada. Pero no enterremos antes de tiempo a la palabra del verano, porque es posible que este miércoles, con la visita del Roma al Santiago Bernabéu, renazca.

Porque el fútbol permite eso, cada partido es una nueva oportunidad para confirmar o refutar las tesis de cada uno. Y nada mejor que hacerlo en un escenario como el de la Champions. También el Barça buscará en esa competición -marcada en rojo por Messi- la redención tras el mal juego de Anoeta. Un PSV valiente y ofensivo puede ser la víctima ideal para eliminar dudas, o al menos disimularlas por un tiempo.