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Dos miradas

Concentración en la plaza de Sant Jaume en defensa de los alcaldes investigados por el referéndum del 1-O.

Referéndum

Emma Riverola

La pantalla del referéndum está hoy más lejos que hace seis años. Porque la distancia entre nosotros ha crecido. Y también la fatiga por el secuestro del debate

Un 80% de los ciudadanos de Catalunya quieren un referéndum sobre la independencia. Esta sentencia es repetida como un mantra por los independentistas, sin reparar en que un 44% de los votantes de las elecciones del 21-D eligieron partidos contrarios a ese referéndum (Cs, PP y PSC). Las idas y venidas sobre esta cuestión han sido importantes. Desde el apoyo del PSC de Pere Navarro al desprecio de JxSí (los que iban a declarar la independencia en 18 meses) a la “pantalla pasada”. Ahora, el independentismo ha decidido que el referéndum pactado es la condición para desencallar la situación. Apela a la "rotunda mayoría" que lo apoya. Y es posible que vuelva a tener un problema de percepción.

El mayor error del independentismo es no haber asumido sus errores. Los que cometió cuando se sintió atrapado en una espiral de impotencia provocada por el desprecio del PP, impelido por una presión social que él mismo había inflamado y enmarañado en una red anhelos y argucias.

Hace un año se confundió voluntad con realidad. Es posible que esté ocurriendo lo mismo respecto al referéndum. La mitad de Catalunya no aprobaba la aventura independentista, pero asistió a su imposición y a sus consecuencias. Los daños son tan graves que como sociedad debemos aprender a volver a caminar unidos. La pantalla del referéndum está hoy más lejos que hace seis años. Porque la distancia entre nosotros ha crecido. Y también la fatiga por el secuestro del debate.