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Análisis

Aforamientos: o damas o ajedrez

JOSE LUIS ROCA

Aforamientos: o damas o ajedrez

Javier Aroca

Sánchez hace bien, pero juega a comer piezas, cuando el Estado español necesita un jaque mate a los privilegios

Estoy entre los que piensan que una Constitución no es un fósil. La española, además de la petrificación heredera del momento en el que nació, está, como mínimo, calcificadaNecesita flexibilidad, riego sanguíneo, adaptarse a los tiempos, mejorar los defectos de 'nativitate', pero eso no quiere decir que se modifique de manera cosmética. Necesita una reforma en profundidad, de todo el bloque de constitucionalidad.

Constitucionalizar los privilegios, vía aforamientos, inviolabilidad, inmunidades, explícitos o latentes en la cultura política práctica, es propio de sistemas dinásticos o estamentales. Torpe o, quizá, forzada herencia de esta Constitución.

Reforma cosmética

El presidente del Gobierno ha anunciado una reforma constitucional cosmética, de oportunidad, que no es que no valga, es que es insuficiente y más propia de una respuesta a la inclemencia política y a las infantilidades del momento que a una actitud valiente ante una lacra propia, como he dicho, de sistemas arcaicos.

El Título I, artículo 14, de la vigente Constitución dice que todos somos iguales ante la ley, sin  que importe , entre otras cosas,  el nacimiento. Por ahí podríamos empezar, qué mayor reforma que hacer que la Carta Magna fuera coherente, porque, realmente, ¿somos todos iguales ante la ley?

La propuesta de Pedro Sánchez tiene una parte de sumo interés, que consiste en limitar los aforamientos al desempeño de las competencias que correspondan al cargo, pero nace viciada porque el partido que sustenta su Ejecutivo ha negado reiteradamente al Congreso la posibilidad de, al menos, investigar, aquellas responsabilidades  del jefe de Estado en sus actividades  privadas, no previstas en el artículo 62 de la Constitución, que detalla las competencias del Rey. La excusa ya me la sé. Con esta propuesta se puede ir rápido, sin mucho tramite ni referéndum; con la profunda, la que afecta al Título II, la Corona, sería  más largo, tanto como todos los años de vigencia de una Constitución que es un auténtico oxímoron en materia de igualdad ante la ley. Y no solo por lo dicho. ¿Por qué los políticos electos, con mandato popular, y no los miembros del poder judicial, fiscalía incluida? Y ¿por qué el Rey emérito, la Reina consorte, la emérita y la Princesa de Asturias, y su marido, si casada, o alcanzada la mayoría edad, seguirán siendo aforados? Según lo sostenido por el presidente, hay problemas en distinguir entre lo público y lo privado, véase a Pablo Llarena, pero también entre  lo regio y lo plebeyo.

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La jugada es  buena, no obstante, PP tendrá que señalarse y Ciudadanos, que acaba de romper con el PSOE de Andalucía por no acabar con los aforamientos autonómicos, también. Buena señal de coordinación hubieran dado si Susana Díaz pudiera haber respondido a Albert Rivera que iba, su partido, a emprender la remoción de los aforamientos en todo el Estado, pero no parece que funcione la camilla socialista.

Pedro Sánchez hace bien, pero juega a las damas, comer, comer, comer... sin embargo, el Estado español necesita ajedrez, y sin tablas, necesita un jaque mate a los privilegios, sin excepción.