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El discurso independentista

La presidenta de la ANC Elisenda Paluzie

Quique Garcia (EFE)

'Hay que ser más valientes'

Antonio Franco

El mundo se ha acostumbrado a comprobar que era de verdad la ilusión sincera pero era de mentira casi todo lo demás

Llega una nueva expresión clave para el vocabulario independentista. Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC, es una de quienes han puesto en circulación el lema: 'Hay que ser más valientes'. Se suma al ensalzamiento del “diálogo” sin el más mínimo ánimo de mantenerlo pues no se quiere ceder en absolutamente nada. O al abstracto “derecho a decidir”,  que equivale a darle más valor a las opiniones que a las leyes. O a ese “hacer república” que unas veces se dice como teniéndola y otras como objetivo futuro a conseguir.

El “hay que ser más valientes” tiene la virtud -como eslogan- o el defecto -como propuesta- de expresar dos posibilidades completamente distintas e incompatibles. Los que quieran lo entenderán como que ha llegado el momento de desobedecer, quizá de iniciar la violencia insurreccional en la calle, de incrementar el número de políticos encarcelados o huidos al extranjero… Pero también podría considerarse una llamada a la valentía de aceptar las realidades que se niegan, ser consecuentes con las lecciones de lo que ya ha sucedido, aceptar la voluntad del voto mayoritario popular y las leyes autonómicas vigentes, así como regresar al posibilismo. Da la impresión de que Paluzie no pide precisamente lo segundo pues lo reclama recordándole a la mayoría soberanista del Parlament que en la obtención de la independencia no todo tiene que hacerlo la calle, una invitación a forzar la legalidad.

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En cualquier caso ya estamos en pleno 'síndrome 12 de septiembre'. El mundo se ha acostumbrado a asombrarse ante lo del día anterior y comprobar después que era de verdad la ilusión sincera (de una parte importante aunque minoritaria de Catalunya), pero era de mentira casi todo lo demás. Pues la marcha avanza inmóvil, los políticos secesionistas están divididos, se acerca un juicio por hechos cometidos contra las leyes, y se desaprovecha la decapitación de Rajoy y Sáenz de Santamaría que posibilita un reencuentro con la parte del resto de España que le exige cumplir las leyes pero no hacer apostasía de la preferencia por la independencia. Al 'procés' solo le quedan los encarcelados abusivamente (un exceso que ya reconoce hasta un ministro español de peso, Borrell), aunque seguirá no porque encandile a cada vez a más catalanes por el atractivo de las propuestas concretas que puede traer la república, sino porque los delitos cometidos traerán condenas en firme que desagradarán, aunque tal vez España recupere prestigio internacional si su justicia reconoce que hubo muchos delitos pero no rebelión con violencias.

Occidente vive con ramalazos crecientes de populismo. Catalunya fue una adelantada en la tendencia con el caudillaje de Jordi Pujol. Ahora insiste, porque tres cuartas partes de la sustancia de lo que predica Puigdemont es de nuevo populismo nefasto.